jueves, 8 de diciembre de 2016

Estación de Villarmero - Burgos

Originalmente similar al edificio de Lences, este pequeño apeadero ha sufrido numerosas transformaciones desde el momento en el que se abandonó, quedando solamente hoy en día la estructura de la planta baja. 
Durante su época en funcionamiento tenía una vivienda, la sala de espera y un par de casetillas adosadas, probablemente de Vía y Obras. 
Las familias que lo habitaron (3 desde su construcción) se dedicaban, además de las tareas propias de una estación, al cultivo de las tierras de detrás del edificio.
 
(Esperando al tren)

Lorcha - Alicante

La llegada del ferrocarril a los pueblos del Comtat marcó un antes y un después en la vida de sus habitantes, que hubieran estado incomunicados hasta que en 1930 se inició la construcción de la carretera entre Muro y Alcoi. gracias a la llegada del tren, Lorcha pudo dar salida a más de 10000 toneladas de papel, vino, aceite y otros productos agrícolas mientras se importaba un millar de toneladas de productos necesarios. Lorcha, punto intermedio del trayecto, servía de enlace entre las líneas Alcoi-Gandía y Villena-Alcoi-Yecla. El edificio de la estación, construido en 1894, se encuentra completo pero totalmente abandonado. Es semejante a las del resto de la línea y constava de sala de espera, taquilla, depósito de agua, y muelle de carga. adyacentes y junto a las vías hay dos pequeñas construcciones de piedra y ladrillo a dos aguas que cumplían la misión de cantina, una de ellas y de almacén de materiales, la otra

  (Traducción de "A un tir de pedra")

Estación de Baños de Molgás - Orense

La estación de Baños de Molgas es una estación ferroviaria situada en el municipio español del mismo nombre,  en la provincia de Orense. Desde el cierre de la línea Puebla de Sanabria-Ourense en los recortes del sector ferroviario producidos por el Gobierno en junio de 2013, esta estación no tiene servicios ferroviarios. Actualmente ha sido rehabilitada pero carece de uso.  

(Wikipedia)

Estación de El Tejar - Madrid

El Tejar fue una estación de Cercanías Madrid ubicada en el término municipal de Las Rozas sin comunicación exterior alguna, sólo se podía llegar y salir de ella en tren, ya que se abrió al público en 1989 con el bypass del Pinar de las Rozas que permitía la conexión entre la variante norte de la Línea Imperial (Madrid-Irún) procedente de la estación de Chamartín y el tramo Las Rozas-Príncipe Pío de la misma, como estación de correspondencia entre dichas líneas antes de reabrir al servicio la conexión Atocha-Príncipe Pío por el Pasillo Verde Ferroviario. Cuando se abrió dicha conexión siguió sirviendo como tal aunque la demanda bajó al existir trenes que unían Príncipe Pío y Villalba. Los horarios se concibieron coordinados entre ambas líneas pero durante sus últimos tiempos no existía tal coordinación reflejada en los horarios, si bien la espera rara vez superaba los 5 min. La correspondencia lógica era siempre del andén situado a mayor cota al situado a menor cota a través de pequeños tramos de escaleras. Durante su última época de vida, solo paraban en ella los trenes con destino Ávila y Segovia pertenecientes a las líneas de regionales cadenciados y los trenes con destino Guadalajara procedentes de Ávila o Segovia. Ningún tren de la línea C7 y de la C8 con destino El Escorial o Cercedilla efectuaba parada en la estación, así como los regionales cadenciados con destino Santa María de la Alameda o Valladolid Campo Grande. La estación deja de prestar servicio el 1 de agosto de 2010, aunque no es hasta el final de marzo de 2011 cuando desaparece de los planos tras la actualización de los mismos gracias a la apertura de la estación de Fuente de la Mora.

(Wikipedia)

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Estación de San Leonardo de Yagüe - Soria

Lo que llama la atención fue la estación de ferrocarril, abandonada cómo tal aunque parecía estar habilitada como vivienda. Al preguntar a un lugareño, éste me indicó que la estación formaba parte de la inconclusa línea ferroviaria Santander-Mediterráneo, proyectada a principios del siglo XX, que debería unir por tierra los puertos de Santander y Valencia, es decir el mar Cantábrico con el mar Mediterráneo, pero que la habían cerrado en el año 1985 cuando se suprimieron algunos tramos de la línea que habían llegado a estar en uso pero que resultaban deficitarios. Las obras de la línea ferroviaria Santander-Mediterráneo son paralizadas y liquidadas en mayo de 1959 las obras. Las razones de la paralización son muy variadas. Por una parte fue provocada por los recortes del Plan de Estabilización Nacional del Franquismo, que pretendía industrializar la España de la posguerra mediante la intervención económica del Estado. Pero todo ello se tradujo en una corrupción económica, derivada en recortes en la inversión pública, devaluación de la peseta, congelación de salarios y reforma tributaria. A su vez, técnicos de la propia RENFE mediante un informe emitido en mayo de 1961 recomiendan la paralización total de las obras debido a que su puesta en servicio supondría la disminución de los ingresos de la línea Santander-Palencia, no compensando los posibles incrementos de tráficos el mayor coste que supondría el mantener abiertas las dos líneas. Además, otro informe publicado en octubre de 1962 por el Banco Internacional de Construcción y Desarrollo a petición del Gobierno Español "aconsejaba" no concluir las obras. A partir de ese momento la política de transportes se dirigió hacia la potenciación masiva del transporte por carretera, dando de lado las líneas ferroviarias secundarias. 

 (Fotógrafos del olvido)

Serracín - Segovia

La sierra de Ayllón, una pequeña cadena montañosa situada en el vértice de las provincias de Soria, Segovia y Guadalajara, encierra un verdadero tesoro de arquitectura popular, una serie de pueblos mínimos cuyas tonalidades oscilan entre el rojo y el negro de la piedra, creando conjuntos de una gran armonía.
Uno de estos pueblos es Madriguera, que está siendo objeto de una excelente recuperación gracias a la mejora de muchas viviendas y su transformación en residencias de fin de semana. Paradójicamente, Serracín, a menos de 2 kilómetros, parece condenado a un destino muy diferente y amenaza con convertirse en un caserío hundido en el que apenas se salvan dos o tres casas, arregladas con desigual fortuna.
El recorrido del pueblo permite reconocer entre las ruinas un pasado de cierta entidad, que se remonta por lo menos al siglo XVI. Tres siglos más tarde llegó a contar con más de 120 habitantes que se repartían en más de cuarenta viviendas y disponían de ayuntamiento, escuela "de primeras letras" y un par de fuentes de excelentes aguas. La economía de los lugareños se basaba en la ganadería, en el aprovechamiento del suelo, algo pobre para los cultivos, y en la cría de gallinas cuyos huevos se vendían en los mercados de la zona. Además, el término incluía el monte de Mingohierro, en el que hubo yacimientos de plata y carbón de piedra.

Piedra rojiza

Entre las construcciones que siguen en pie todavía se puede ver algún corral en el que deambulan las gallinas, así como los restos de grandes establos, contiguos a las viviendas y antaño destinados a todo tipo de animales: ovejas, cabras, vacas y mulas. La primitiva plaza, en cuyo centro se encuentra una de las fuentes, está presidida por los restos de la iglesia de la Natividad, de la que únicamente se conserva la espadaña, construida en parte con piedra de un singular color granate y flanqueada por una puerta dovelada de la misma tonalidad. La variedad de los tonos que salpican los muros de casas y cercas, levantados con piedras blancas, ocres, grises y negras, es la característica más llamativa de este pueblo, en el que también se pueden ver fachadas con las ventanas ribeteadas de rojo.


(Pilar Alonso y Alberto Gil)

Modamio - Soria

Antes de llegar a Modamio, la carretera transita por una zona de paramera con breves ondulaciones que apenas anticipan la proximidad de algún profundo cañón. En uno de esos quiebros del paisaje, a más de 1.200 metros de altitud, se encuentra el caserío de Modamio, protegido por unas laderas terrosas sobre las que se asientan los característicos palomares y animado por el cauce de un arroyo que transcurre entre bosques de ribera.
El único habitante del pueblo durante todo el año es un pastor, que ocasionalmente mitiga su aislamiento gracias a la presencia de otros vecinos, durante los fines de semana y las temporadas de verano. Debido a esa tímida recuperación, Modamio conserva varias casas en regular estado y sobre lodo permite disfrutar de la estampa de su encantadora iglesia de la Natividad, un templo románico precedido de un pequeño atrio sobre el que se construyó en tiempos la casa consistorial. El interior de la iglesia, con algunas inquietantes grietas, conserva el coro y el espacio destinado a sacristía.
El resto del caserío se reparte a ambos lados del cauce y en su decadencia deja entrever un pasado de cierta pujanza, en que llegó a contar con más de 40 casas, una escuela mixta y un centenar de vecinos dedicados al cultivo de cereales, patatas y garbanzos y a la cría de ganado, sobre todo ovejas, que se alimentaban en los pastos del término. Éste incluía además una dehesa y un monte de encinar que abastecía de leña a los lugareños, tanto para la cocina como para caldear el hogar y hacer frente al clima frío de la comarca.
La dureza de las condiciones de vida, como en otros muchos sitios, fue lo que produjo el éxodo de los vecinos y cuando la electricidad llegó a Modamio, allá por los años 40, el pueblo ya había sufrido un daño difícil de reparar.


(Pilar Alonso y Alberto Gil)