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jueves, 8 de agosto de 2019

Antigua estación de trenes de Huelva

Este oficio hoy en ruinas, es de esos sitios que paseas por la calle y te quedas admirando su hermosura y su increíble arquitectura. Eso nos pasó con la antigua estación de trenes de Huelva.
Este bonito edificio del siglo XIV es considerado una gran joya neomudéjar en España y conservando su fachada se pretende hacer un Museo Minero-Ferroviario.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Hospital Manuel Lois - Huelva

En pleno centro de Huelva, durante los años 50, concretamente el día 30 de Junio de 1952, se inauguró el Hospital Manuel Lois, que permaneció activo hasta mediados de Diciembre de 1993, cuando se decidió abandonarlo sin motivos aparentes. Y es que el sanitario era ya un edificio viejo por entonces, no dotado de las instalaciones con las que actualmente cuenta su sustituto, el hospital Juan Ramón Jiménez.
No obstante resulta muy extraño que un edificio así de grandes dimensiones, de unos 11.000 metros cuadrados quede en ruinas durante tantos años, hasta el año 2008 y que durante esos quince años, casi todo el material clínico e inmobiliario permaneciese dentro, sin que nadie  del ayuntamiento decidiera retirarlo para reutilizarlos para otras actividades o simplemente tirarlos.
Todo esto causó gran sorpresa en la capital onubense, pues pocos meses antes del abandono este lugar era utilizado por todos los ciudadanos, siendo el hospital central de la provincia. La mayoría de la población adulta de Huelva ha nacido allí, yo también incluido.
Tras el repentino cese de sus funciones, se comenzaron a escuchar ruidos por la noche, a propagarse incendios y a verse imágenes extrañas desde sus ventanas. A partir de entonces se fue forjando un leyenda urbana, que quien sabe lo que tiene de cierta o de falsa, pero la Leyenda del Manuel Lois, sigue vigente hasta nuestros días.
Despues de su cierre muchos fueron los interesados, que después de burlar al guardia de seguridad del sanatorio, se adentraron dentro en busca de cosas a coste 0, como mesas, espejos…, o simplemente en busca de un sitio para hacer botellones, o para tener tranquilidad. Estos “turistas“, progresivamente fueron encontrándose con sorpresas. Por la noche los ascensores se ponían en funcionamiento, a pesar de no tener electricidad y la dama blanca hacia su aparición, entre otras muchas cosas. La dama blanca como fue bautizada a una misteriosa mujer que aparecía todas las noches vagando por las entrañas del edificio, y siempre era vista cruzando los oscuros pasillos, vestida solo con un camisón blanco, e iluminada por una misteriosa luz, aparentemente sin procedencia alguna, asustaba a todo el que decidiese entrar.
n la zona del mortuorio según algunos programas de investigación paranormal, se han hallado restos de cadáveres, como la pierna que afirmaba haber visto,el conocido programa emitido por Cuatro y conducido por Iker Jiménez, Cuarto Milenio, en su visita a las ruinas. Psicofonias y extrañas fotos prueban que había algo paranormal allí.
En una de sus plantas, en la que se encontraba una pequeña capilla y era frecuentada por monjas, durante varios años se escucharon gritos y aparecían sotanas abandonadas.
Tras el derrumbe del hospital el día 10/10/08, solo queda en pie una pequeño ambulatorio, situado en la parte nueva del recinto, y en el solar restante parece que se construirá un Instituto de Educación Secundaria, que quien sabe si guardará relación con los sucesos ocurridos en el mítico Manuel Lois.

(Sobre Huelva)

martes, 15 de noviembre de 2016

Los Viejos - Huelva

El mínimo núcleo de Los Viejos es una cortijada en la que apenas se distinguen una decena de viviendas y que esconde su pintoresco caserío en una espesa zona de encinar y alcornoques, próxima al barranco de Cubos. Su aislamiento y el hecho de que no sea visible desde la cercana carretera local le da un curioso carácter de refugio en medio de un paisaje bravio y, de hecho, durante la Guerra Civil varias familias que vivían en cortijos solitarios buscaron cobijo en esta aldea.
Hoy, la llegada al caserío sorprende con la presencia de algunos paneles solares que abastecen a la única vivienda habitada de la aldea, una sencilla construcción en la que vive Inés, una mujer mayor, en compañía de su hijo. La locuacidad y el carácter hospitalario de Inés, permite conocer la modestia de las casas, que contaban con una sala a la entrada, donde estaba instalada la chimenea, única fuente de calor para las alcobas, comunicadas directamente con dicha sala, que hacía también de cocina y comedor.
Hasta los años cincuenta, la aldea conoció tiempos mejores y de hecho la propia Inés recuerda los años en los que se celebraban bailes en la sala de una de las casas, acompañados por la música del acordeón y con la presencia de una veintena de mozas. La falta de luz y agua corriente empujó a los habitantes a mejorar sus condiciones de vida en otros lugares y la aldea comenzó su lento declive hasta nuestros días.

Una romería popular
La estructura del conjunto de construcciones es de una gran simplicidad y se limita únicamente a una calle, en la que se encuentra el mayor núcleo de viviendas, una hilera de cinco casas, unidas pared con pared. La primera de estas viviendas es la que está habitada y ante ella mana una fuente que sirve para abastecerse de agua, abundante a juzgar por las zonas de huerta que cultivan los vecinos.
Detrás de esta calle siguen en pie cuatro construcciones de piedra oscura,entre las que se distinguen los restos de algún corral y un horno de cocer pan hecho de ladrillos y abierto en uno de los muros. Las casas son extremadamente sencillas, de una sola planta y a veces con pajar, y conservan sus paredes y sus cubiertas en buen estado, sobre las que destaca alguna que otra chimenea.

(Pilar Alonso y Alberto Gil)


jueves, 3 de noviembre de 2016

El Quejigo - Huelva

El Quejigo es un agradable caserío enclavado en medio del accidentado relieve que rodea la localidad de Jabugo, una zona de breves sierras cubiertas de encinares y castaños que, durante mucho tiempo, fueron el principal sustento de sus habitantes, dedicados también a la explotación de pequeñas huertas y piaras de cerdos.
A partir de los años cincuenta empezó la decadencia de la aldea, consumada en la década de los sesenta, cuando muchos de sus vecinos se desplazaron a Jabugo en busca de trabajo y mejores condiciones de vida en esta pujante villa chacinera. Después de una larga etapa en la que permaneció en el más absoluto abandono, cuando parecía condenado a la ruina, comenzó a recuperarse en parte gracias a la mejora de algunas casas para fin de semana. Actualmente hay dos viviendas habitadas, una de ellas destinada a taller de carpintería y a la elaboración de muebles que se distribuyen por la comarca, como si el destino hubiera querido devolver al pueblo una pequeña parte de su vitalidad.
El núcleo, accesible a través de una calle cuidada, está formado por una veintena de viviendas repartidas en manzanas desiguales adaptadas a la pendiente del barranco, que parece perderse entre la vegetación. El agua, que baja abundante por la ladera, se utilizaba antiguamente para el riego de las huertas, mientras las casas se servían de depósitos y pozos para el suministro.

Pozos y soberaos

Las viviendas suelen ser sencillas, de una sola planta, a veces cuentan con semisótano y soberao (granero) y generalmente están bien conservadas, aunque los corrales son los que acusan un mayor deterioro y algunos patios se han visto sepultados por la maleza. Ésta va creciendo, imparable, sobre las puertas y los peldaños de las escaleras haciendo irreconocibles lo que antaño fueron estancias familiares, umbríos lugares de chachara, porches cubiertos de emparrado y rincones para echar una cabezada cuando las labores del campo lo permitían.
En la parte más baja del pueblo se conserva un gracioso pozo con un ventanuco, cubierto con una bovedilla y los restos de algún horno de piedra, testigos silenciosos de aquellos años remotos, anteriores a la llegada de la industria, en los que El Quejigo fue autosuficiente.


(Pilar Alonso y Alberto Gil)

lunes, 24 de octubre de 2016

El Calabacino - Huelva

La aldea de El Calabacino está formada por un núcleo de casas aisladas y dispersas que asoman entre el arbolado, un rincón idílico que saca buen provecho de la abundancia de agua y el clima benigno de este pequeño valle escondido al pie de la Peña de Arias Montano. El lugar podría ser un escenario perfecto para algún pasaje de Rousseau sobre el "buen salvaje" y de hecho, en los últimos años se ha convertido en lugar de estancia de una nutrida comunidad hippie que ha emprendido el arreglo de algunas viviendas con soluciones más o menos afortunadas.
El camino hacia la aldea, sombreado por hermosos árboles, ya anticipa el encuentro del viajero con un lugar mimado por la naturaleza, con bancales en pendiente cubiertos de vegetación y protegidos por muros de piedra en los que sobresalen higueras, nogales y los troncos retorcidos de alcornoques centenarios. Casi al final, un arroyo se cruza con el sendero junto a una fuente de aguas impolutas consagrada a San Amaro. A partir de aquí, el camino se ramifica en veredas cubiertas de maleza, que alguna vez sirvieron como calles y suben y bajan acoplándose al terreno.
Según parece, el abandono del lugar, habitado desde el siglo XV, se produjo a lo largo de los años setenta, cuando la falta de servicios desplazó a sus habitantes a Alájar donde habían quedado muchas viviendas desocupadas a causa de la emigración de la gente del pueblo a otros lugares. Durante los ochenta, El Calabacino estuvo deshabitado y a finales de esta década se inició una lenta repoblación con sus nuevos inquilinos, que ocasionalmente han recurrido a la energía solar para suplir las carencias de las viviendas. Éstas son construcciones muy elementales, con blancos muros animados por el colorido de algunas matas de flores y rodeadas de huertas o jardines que se funden con la vegetación del entorno.

Una romería popular
En lo alto de este núcleo de urbanismo improvisado se alza la ermita de La Trinidad, un original edificio datado en 1749 y realizado con una mezcla de mampostería y arcilla roja. El templo de planta cuadrada y con el añadido de una pequeña sacristía, perdió sus objetos de valor durante la Guerra Civil, pero aún se conserva en buen estado y en octubre es objeto de una romería popular que congrega a los antiguos habitantes de la aldea.


(Pilar Alonso y Alberto Gil)

Nota que me envía un seguidor
Hola Eugenio. Gracias por tu entrada. Soy habitante de la aldea del Calabacino desde hace anyos y me gustaria puntualizarte varias cosas. La aldea se despobló ya en la decada de los 60 y quedo casi completamente vacía en los 70. Ya a principios de los 80 habia comenzado la repoblación por neorurales (los primeros repobladores se instalan en 1979-1980). La energia solar no es ocasional, es la única fuente de electricidad en el valle, y está en todas las viviendas. Saludos y gracias de nuevo por tu entrada el El Calabacino - Huelva