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sábado, 25 de febrero de 2017

Cortijo del Fraile - Níjar

El Cortijo del Fraile está situado en el término municipal de Níjar, Almería, dentro del Parque Natural de Cabo de Gata.
Es una cortijada representativa de la arquitectura popular de la zona, construida en el siglo XVIII por los frailes del Convento de Santo Domingo de Almería, para atender a los cultivos de olivos y cepas de vino. A partir del siglo XIX dejó de pertenecer al clero. Este cortijo de gran belleza y dimensiones, dispone de capilla, mausoleo, y aljibe.
Ha alcanzado gran notoriedad por el crimen que ocurrió en sus inmediaciones el 22 de julio de 1928, el llamado Crimen de Níjar, que inspiró la obra de Federico García Lorca "Bodas de Sangre". También se basa en los mismos hechos la novela "Puñal de claveles", de la escritora Carmen de Burgos.
A partir de los años 60, El Cortijo del Fraile fue utilizado como localización cinematográfica en varias películas del oeste, como "El Bueno, el feo y el malo" (1966), "Yo soy la revolución" (1966), "Tiempo de Buitres" (1967), "Los Cuatro Truhanes" (1968) o "Agáchate Maldito" (1971).
Hoy en día su estado es de ruina y total abandono.

(Wikipedia)

Cañada del Gitano - Granada

La Cañada del Gitano es un conjunto de cortijadas, que se emplazan en el Parque Natural Sierra de Baza en la provincia de Granada (España) a casi 2.000 metros de altitud, en una zona de pastos de verano, a la que tradicionalmente acudían los pastores y ganadores. Práctica que sigue efectuándose en los tiempos actuales, aunque con menor intensidad.
Pero si por algo destaca este bello lugar, es por su arquitectura constructiva, una de las más representativas y mejor conservadas de la Sierra de Baza, en la que es muy característico el uso de materiales propios de la zona, a los que se adaptaban los moradores de este lugar. Destacando el empleo de lajas de esquito, localmente llamadas pizarras, para las cubiertas, las que se asientan perfectamente sobre unas paredes de piedra labradas con una precisión milimétrica por estos peculiares canteros serranos, que no dejan de sorprendernos en los detalles y el primor con el que podemos comprobar terminaban sus obras.

(Sierra de Baza)

sábado, 4 de febrero de 2017

Aylacar - Granada

Aylacar es un despoblado perteneciente al municipio de La Taha, en la provincia de Granada, comunidad autónoma de Andalucía. Esta desaparecida localidad estaba situada en la parte central de la comarca de la Alpujarra Granadina, entre los núcleos de Pitres y Capilerilla.

Historia
Aylacar formaba parte de la antigua taha de Ferreyra, en el Reino de Granada. Todavía se aprecian restos de alguna vivienda de la alquería, que estuvo situada en el lugar que hoy ocupa el cementerio de Capilerilla, y probablemente quedó despoblada a finales del siglo XVI, aunque en un documento de 1591 consta que la habitaban 16 vecinos en esa fecha. Debió despoblarse prácticamente a mediados del siglo XVIII y completamente a principios o mediados del siglo XIX.

(Wikipedia)

domingo, 22 de enero de 2017

Portocarrero - Almería

Portocarrero es una aldea de la Sierra de los Filabres, en tiempos seria una aldea bonita, pero vivir en un sitio así no creo que lo fuera tanto y trabajar de sol a sol mucho menos, ahora vemos un sitio así y nos decimos que que sitio mas bonito para vivir, verdad?, pues yo animo al que sea a que se instale en la aldea, arregle alguna casa y trabaje el campo en las mismas condiciones que se hacia cuando la aldea quedo despoblada, no creo que estuviera mucho tiempo viviendo aquí.
Portocarrero quizá sea la aldea deshabitada mas conocida de Almeria, una aldea como esta deberia ser reconstruida para conservarla como aldea de interés etnográfico, pero ahora que todavía se puede recuperar no interesa hacerlo, cuando ya no quede piedra sobre piedra es cuando las autoridades competentes en la materia se acordaran de Portocarrero, para entonces ya solo quedaran los cimientos y las fotografías de los exploradores de pueblos y aldeas deshabitadas.

(Pueblos sin vida)

lunes, 2 de enero de 2017

Don Martín - Granada


Don Martín es una antigua aldea minera de la Sierra de Baza, esta emplazada a 1.600 metros de altitud, junto al Barranco de Don Martín, y a casi 2 kilómetros de otra aldea más nombrada: El Tesorero.
La aldea de Don Martín contaba con dos núcleos de población, un grupo de dos viviendas en la margen derecha del Barranco de Don Martín, conocidas como El Zambombo y otro grupo de unas 8 viviendas situadas en la margen izquierda del barranco, orientadas al mediodía, esta la aldea de Don Martín.
Don Martín fue una aldea minera y desde la pista forestal que conduce desde El Tesorero a la Carretera de Escúllar se aprecian las escombreras de la misma que desde la misma puerta de la aldeas caen hacia el barranco. Esta escombrera aparece adornada con álamos que fueron plantados por uno de sus vecinos en los años 60 del pasado siglo.
De la mina de Don Martín se extraía hierro, estuvo en funcionamiento unos cien años, una vez agotado el filón dejo de ser rentable y se cerro, a los pocos días de cerrarse la mina comenzó a manar agua por su boca, agua con la que se regarían las huertas de la aldea y que desde entonces no ha dejado de salir de la antigua boca de la mina. Actualmente es uno de los más importantes manantiales de esta Sierra.

(Visitando pueblos deshabitados)

lunes, 19 de diciembre de 2016

Bastidas - Granada

Bastidas se emplaza a 1.300 metros de altitud, en la cuenca del arroyo Bodurria. Dentro, también, de la zona caliza del Parque, perteneciente al denominado Complejo Alpujárride.
El origen de esta cortijada está situado en el S. XVIII, en el que Don Carlos y Don Manuel de la Bastida, clérigos de menores que eran propietarios de tres cortijos en este río, le dejaron su nombre al núcleo de población.
La aldea se encuentra totalmente deshabitada desde los años 60, y aun cuando se intentó su rehabilitación a comienzos de los años 90, como albergue rural, para lo que se diseñaron varias viviendas de estructura y arquitectura serrana, junto con un local social y una ermita, empleándose cuatro años de trabajo por la Escuela Taller Floranes, tras conseguir el Ayuntamiento de Baza la cesión por 30 años del inmueble de parte de su propiedad, la Consejería de medio Ambiente de la Junta de Andalucía, los trabajos quedaron inconclusos y desde hace siete años se encuentran totalmente paralizados, no obstante haberse comprometido todas las corporaciones del Ayuntamiento de Baza -incluida la actual- a su conclusión, siendo la triste realidad que ninguna de ellas ha movido ni una piedra y asisten impasivas a la destrucción, por el tiempo, el olvido y la ignorancia, del trabajo que los alumnos de aquella Escuela Taller comenzaron con tanta ilusión.
La vegetación natural de la zona es el encinar, pudiéndose localizar aún excepcionales pies de encina en la zona, que destacan entre los pinos de repoblación que invaden toda esta ladera. Si se hiciese un aclareo de pinos, podría ayudarse a la regeneración natural de la encina en estos parajes.
Frente a la cortijada de Bastidas, y al otro lado del Arroyo Bodurria, son visibles una impresionantes grutas naturales, son la Cueva de la Golfa, unos habitáculos que han sido ocupados por el hombre desde hace unos 7.000 años y hasta bien entrado el pasado siglo XX, lo que da una buena idea de la continuidad de los asentamientos humanos en esta Sierra a lo largo de los siglos, aprovechando las condiciones naturales que ofrecía el terreno.
En la parte baja del arroyo, al que podemos descender por una senda que acondicionó la Escuela Taller Floranes y que nos puede llevar en excursión de unas 2 horas a Floranes, podemos localizar la ruinas de un antiguo molino de agua, es el Molino de las Maravillas, que en el Mapa Topográfica Nacional del IGN escala 1:25.000, se emplaza erróneamente a la derecha del arroyo, aguas abajo, cuando está en el lado izquierdo.

(Proyecto Sierra de Baza)

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Estación de La Calahorra

La estación de La Calahorra es un apeadero fantasma de la línea férrea que va a Almería donde no para ningún tren de pasajeros nunca, pero donde hace medio siglo hubo una actividad frenética, porque en ella se rodaron casi todas las escenas ferroviarias de los westerns de Sergio Leone, que no son pocas: cuando Armónica (Charles Bronson) es recibido por tres pistoleros en la estación de Cattle Corner al principio de Hasta que llegó su hora, cuando Jill (Claudia Cardinale) llega en tren a Flagstone en la misma película,cuando el coronel Mortimer (Lee Van Cleef) decide detener el suyo en la estación de Tucumcari en La muerte tenía un precio, cuando Tuco (Eli Wallach) escapa del convoy donde lo llevan preso en El bueno, el feo y el malo... Las montañas que aparecen al fondo de todas esas escenas, tras la llanura polvorienta, son las de Sierra Nevada y la sierra de Baza. Está a medio camino entre La Calahorra y Charches, tomando el desvío señalizado en el kilómetro 312 de la autovía A-92 (Granada-Almería). Algunos de los decorados, los que se construyeron con ladrillos, siguen en pie y con los rótulos que les pintaron encima (“Phoenix”, “Dr. Merchant, dentist”, “Magazine Golden Plume Limited”), ofreciendo cobijo a las ovejas de una granja. Es un lugar muy evocador.  

(Guia Repsol)

martes, 13 de diciembre de 2016

Estación de La Granjuela

En este momento, nueve de la mañana, acaban de pasar por esta línea, con dirección a Sevilla y Cádiz los Reyes Don Alfonso XIII y Doña Victoria Eugenia. Sabido es que los Monarcas han tenido que hacer el viaje por este camino de hierro a causa de que los daños ocasionados por los temporales han interceptado por varias partes la línea que habitualmente se utiliza.  
Con el fin de cubrir el paso del tren regio, en la tarde de ayer llegaron numerosas fuerzas de la benemérita, las cuales fueron alojadas en casas particulares. Mucho antes de la hora de la llegada del tren real, el pueblo se estacionó en la explanada de la estación de los ferrocarriles. A la mencionada hora, el silbato de la locomotora indicó el inmediato paso del tren y el público en masa gritaba sin cesar: ¡Vivan los Reyes!, ¡Viva Alfonso XIII!, ¡Viva la Reina hermosa! El tren especial pasó con tal velocidad que no hubo tiempo de poder apreciar nada.

  (La Maquinilla)  

¿No os recuerda a "Bienvenido Mr. Marshall"?

lunes, 12 de diciembre de 2016

Estación de Zújar - Córdoba

Estación de Ferrocarril situada en la Línea Córdoba-Almorchón. Construida por la Compañía de Ferrocarril de Ciudad Real A Badajoz, compañía de capital francés Durante la guerra civil española, un tren blindado construido en Madrid y destinado en principio al frente de Guadalajara, circulando por Algodor - Ciudad Real - Almorchón se estacionó en Zujar y Valsequillo y desde allí realizó numerosas incursiones en dirección a La Granjuela, llegando hasta el km. 56,4, punto de cruce con el Ferrocarril de Puertollano a Fuente del Arco.

Estación de Valsequillo - Córdoba

En el verano de 1937, Juan Afán prestaba servicio en uno de estos trenes en el frente de Sierra Morena, en las proximidades de Peñarroya. En aquel frente, inmovilizado durante meses, había una gran zona de nadie, de casi 15 kilómetros, que separaba a los contendientes, sin pueblos ni ríos ni ningún reducto de interés estratégico. Únicamente seguía intacta la línea férrea que desde Córdoba subía hasta Almorchón, en la provincia de Badajoz. La última estación en poder de los nacionales era la de la importante ciudad industrial de Peñarroya, mientras los republicanos se habían apostado en Zújar, con avanzadillas en Valsequillo, la estación siguiente en dirección al frente. En tierra de nadie, había quedado la estación de La Granjuela, visible desde las elevaciones de Peñarroya. Alguien dio un día la orden de que los ocupantes del tren blindado se acercaran en operación de patrulla por la vía hasta La Granjuela, manejando una de las vagonetas, conocidas entre los ferroviarios como “zorrillas”, tal vez por el esfuerzo que suponía moverlas a fuerza de brazos. Y allí se fueron una quincena de los soldados del tren blindado. Llegaron ya anochecido y se establecieron las guardias correspondientes. Una de ellas le correspondió precisamente a Juan Afán. El resto se metió en la estación. Allí encendieron un fuego en la chimenea, prepararon la comida y después se pusieron a jugar a las cartas. Era gente joven, ansiosa de vivir, que tal vez consideraban aquel viaje como una excursión, sin tener conciencia de que estaban en guerra. De pronto, empezaron a sonar cañonazos y a caer obuses en las inmediaciones. Juan Afán, desde su puesto de guardia, a un centenar de metros de la estación, advirtió que el fuego de la chimenea era muy visible en la oscuridad de la noche. Dio grandes voces para avisar a sus compañeros y, como no debieron oírle, inició una carrera para avisarlos. Apenas había recorrido unos pasos cuando uno de los obuses dio de lleno en el edificio de la estación, derrumbándolo y sepultando con sus escombros a los que estaban dentro. Todos murieron. Los otros tres compañeros, que se habían repartido las guardias con Juan Afán, se acercaron a las proximidades de la estación, cuando comprobaron que los cañones se habían silenciado. Convinieron en que había que salir de allí antes de amanecer porque era probable que el enemigo observara todos los movimientos a la luz del día y con seguridad volverían a cañonearlos o, peor aún, podrían mandar una patrulla para acabar con ellos. Pero Afán y sus tres compañeros no quisieron dejar abandonados a los que habían muerto y con las mantas que todos llevaban, recogieron los restos de los 12 cadáveres descuartizados, irreconocibles, con varias cabezas, brazos y piernas sueltos. Solo pudieron localizar con certeza a uno por el llamativo correaje que lucía en su uniforme. Al cabo de muchos años, Juan Afán recordaba todavía su nombre. Se llamaba Jesús Huete Espeso y era de La Roda de Albacete, donde trabajaba en la estación como factor de circulación. Colocados los restos que pudieron rescatar sobre la vagoneta, tuvieron que emprender el duro camino de vuelta por la vía, con menores relevos en la palanca de vaivén de la 'zorrilla' y mayor congoja que a la ida porque ahora llevaban los cadáveres de sus compañeros muertos. Al llegar a Valsequillo, esa misma mañana, cavaron una gran fosa cuadrada frente a la estación y allí enterraron los cuerpos y los restos. Sembraron un rosal por cada uno de los muertos y rodearon la fosa con alambre de espino para que las alimañas no excavaran aquellas tumbas improvisadas. Cuando concluyó la guerra, y después de sufrir el proceso de depuración a que fueron sometidos todos los ferroviarios que quedaron en la zona republicana, Juan Afán pudo volver a su trabajo de maquinista y, cosas del azar, durante varios años trabajó en la misma línea entre Almorchón y Córdoba, donde había estado durante la guerra con el tren blindado. Cada vez que pasaba por la estación de Valsequillo contemplaba los rosales florecidos donde reposaban los restos de sus antiguos compañeros muertos". Cuando unos años después, redestinado en Córdoba, se encontraba circulando con su locomotora por esta línea y en concreto entre Peñarroya y La Granjuela, quien lo acompañaba de fogonero, que llevaba trabajando tan sólo unos días con él por baja temporal del titular, estaba asomado a la ventanilla de la cabina mirando el alto donde se encontraba aquella batería artillera y comentó, sin saber a quién se lo decía, que durante la Guerra Civil fue cabo 1º en la misma y que había un tren blindado circulando por ahí al que, a pesar de intentarlo muchas veces, nunca consiguió alcanzar con sus disparos. Al oír esto Juan se quedó frío y espantado pero en silencio, como si aquello no hubiera tenido importancia. No dijo nada porque sabía que se trataba de alguien “colocado” en RENFE, por sus servicios durante la contienda y que si se sabía que él, Juan Afán, había tenido ese destino quizá acabara siendo objeto de trato discriminatorio en su trabajo por parte de compañeros y superiores, así como se podría haber encontrado con impedimentos para progresar en su carrera ferroviaria, lo que ya había visto en el caso de un maquinista identificado como “rojo” a quien le asignaban los peores servicios y el peor material de tracción por años".  

(La maquinilla)

domingo, 11 de diciembre de 2016

Estación de Cámaras Altas - Córdoba

Estación de Cámaras Altas es una estación ferroviaria situada en el municipio español de Belmez en la provincia de Córdoba. La estación se encuentra a 7 kilómetros en línea recta de la localidad de Belmez.
Situación ferroviaria
La estación se encuentra en el punto kilométrico 16,775 de la línea férrea de vía estrecha Peñarroya a Puertollano, entre las estaciones de Belmez-Ermita y de Peñas Blancas. El tramo está desmantelado desde el cierre de la línea el 1 de agosto de 1970.
Historia
La estación fue abierta al tráfico el 5 de agosto de 1906 con la puesta en marcha del tramo Peñarroya-Pueblonuevo a Pozoblanco de la línea que pretendía unir Fuente del Arco con Puertollano.
Las obras y la explotación inicial de la concesión corrieron a cargo de la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya. En el año 1924 pasó a ser explotada por la Compañía de los Ferrocarriles de Peñarroya y Puertollano. Sólo 32 años más tarde pasó a formar parte del Estado, a través de EFE. Esto hizo que en 1956 se incorporaran a la línea automotores, con motor diésel que sustituyeron al vapor. La estación era diariamente atravesada por trenes de Correos y Mercancías.
El 1 de agosto de 1970 la línea se clausuró al no ser rentable para el Estado.
Actualidad
En la actualidad la estación está en ruinas. Existen diversas propuestas para que la línea se acondicione y se pueda convertir en una vía verde donde realizar diversas rutas a pie y en bicicleta.
(Wikipedia)

viernes, 9 de diciembre de 2016

Estación de Obejo - Córdoba

La construcción de esta estación se contemplaba en el proyecto original de la línea, con el nombre inicial de Cerro Muriano, como punto final de la larga rampa que ascendía desde Córdoba. Tras su construcción se le dió el nombre de Obejo por estar enclavada en su término municipal, aunque la distancia de más de 20 Km. que la separa de la población hizo que nunca diese servicio de viajeros a sus habitantes. Su emplazamiento vino determinado por la aparición de agua en sus proximidades durante las prospecciones que se realizaron a lo largo del trazado de la línea, buscando el abastecimiento de las locomotoras. En la loma existente frente al edificio de la estación, al otro lado de las vías, existió una alberca alimentada por un gran caño de agua de la que se surtían de agua potable no sólo la estación sino muchos de los habitantes de la pequeña población que con el tiempo fue creciendo alrededor de las instalaciones ferroviarias.  En 2007 aún se conservaban un gran cubato frente a la estación y uno más pequeño, estrecho y anormalmente alto con aguada para abastecer a las máquinas en el extremo del andén, lado de El Vacar.

  (Ferropedia)

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Casillas de Díaz - Málaga

La sequedad y pobreza del terreno parecen haber ganado la batalla a esta aldea, formada por varios núcleos de casas que salpican un paraje de la sierra Gibargalla, dominando unas excelentes panorámicas del valle de Guadalhorce. Las edificaciones, en estado muy ruinoso, se reparten en dos o tres cerros, a distintas alturas y aprovechando los vaivenes de un terreno en el que apenas asoman algunas encinas, almendros y algarrobos que ayudaban al pueblo en su precaria subsistencia.
A mediados de los años setenta, la mayoría de los habitantes de Casillas buscaron acomodo en los nuevos pueblos de colonización de Cerralba y Zalea, asentados en el valle y volcados en una agricultura más productiva. Con anterioridad, los vecinos de la aldea se habían dedicado a actividades tan diversas como la elaboración de carbón vegetal y la producción artesanal de escobas de retama que vendían en los pueblos de la comarca. Pero la falta de luz y de agua, que sólo se podía obtener en algunos pozos, hoy secos, produjo la total decadencia de esta localidad que pasó de tener más de cien viviendas, escuela y bar con tienda, a convertirse en un fantasmagórico caserío.
El pueblo, al que se accede por un camino que atraviesa la pelada sierra coronada por un repetidor de televisión, aparece diseminado por las paredes de una especie de vaguada que desciende hacia el valle.

Chicharras y ortigas
El mayor núcleo de viviendas bordea la calle principal, formando sendas hileras, entre las que se mantienen en pie algunas casas blanqueadas y cubiertas con la tradicional teja árabe. Su interior, de una simplicidad extremada, a menudo contaba con una sola habitación dividida en dos mediante cañizos. Entre las construcciones abundan también las cuadras, hechas con muros de piedra y, de vez en cuando, algunas paredes de mayor altura recuerdan la existencia de casas de dos plantas, en las que se adivinan escaleras, chimeneas y restos de antiguos patios.
Sobre sus escombros asoman las pitas, las ortigas prosperan sin dificultad y se mueve libremente una nutrida población de reptiles que abandonan sus mudas entre las piedras.

(Pilar Alonso y Alberto Gil)

martes, 15 de noviembre de 2016

Los Viejos - Huelva

El mínimo núcleo de Los Viejos es una cortijada en la que apenas se distinguen una decena de viviendas y que esconde su pintoresco caserío en una espesa zona de encinar y alcornoques, próxima al barranco de Cubos. Su aislamiento y el hecho de que no sea visible desde la cercana carretera local le da un curioso carácter de refugio en medio de un paisaje bravio y, de hecho, durante la Guerra Civil varias familias que vivían en cortijos solitarios buscaron cobijo en esta aldea.
Hoy, la llegada al caserío sorprende con la presencia de algunos paneles solares que abastecen a la única vivienda habitada de la aldea, una sencilla construcción en la que vive Inés, una mujer mayor, en compañía de su hijo. La locuacidad y el carácter hospitalario de Inés, permite conocer la modestia de las casas, que contaban con una sala a la entrada, donde estaba instalada la chimenea, única fuente de calor para las alcobas, comunicadas directamente con dicha sala, que hacía también de cocina y comedor.
Hasta los años cincuenta, la aldea conoció tiempos mejores y de hecho la propia Inés recuerda los años en los que se celebraban bailes en la sala de una de las casas, acompañados por la música del acordeón y con la presencia de una veintena de mozas. La falta de luz y agua corriente empujó a los habitantes a mejorar sus condiciones de vida en otros lugares y la aldea comenzó su lento declive hasta nuestros días.

Una romería popular
La estructura del conjunto de construcciones es de una gran simplicidad y se limita únicamente a una calle, en la que se encuentra el mayor núcleo de viviendas, una hilera de cinco casas, unidas pared con pared. La primera de estas viviendas es la que está habitada y ante ella mana una fuente que sirve para abastecerse de agua, abundante a juzgar por las zonas de huerta que cultivan los vecinos.
Detrás de esta calle siguen en pie cuatro construcciones de piedra oscura,entre las que se distinguen los restos de algún corral y un horno de cocer pan hecho de ladrillos y abierto en uno de los muros. Las casas son extremadamente sencillas, de una sola planta y a veces con pajar, y conservan sus paredes y sus cubiertas en buen estado, sobre las que destaca alguna que otra chimenea.

(Pilar Alonso y Alberto Gil)


jueves, 3 de noviembre de 2016

El Quejigo - Huelva

El Quejigo es un agradable caserío enclavado en medio del accidentado relieve que rodea la localidad de Jabugo, una zona de breves sierras cubiertas de encinares y castaños que, durante mucho tiempo, fueron el principal sustento de sus habitantes, dedicados también a la explotación de pequeñas huertas y piaras de cerdos.
A partir de los años cincuenta empezó la decadencia de la aldea, consumada en la década de los sesenta, cuando muchos de sus vecinos se desplazaron a Jabugo en busca de trabajo y mejores condiciones de vida en esta pujante villa chacinera. Después de una larga etapa en la que permaneció en el más absoluto abandono, cuando parecía condenado a la ruina, comenzó a recuperarse en parte gracias a la mejora de algunas casas para fin de semana. Actualmente hay dos viviendas habitadas, una de ellas destinada a taller de carpintería y a la elaboración de muebles que se distribuyen por la comarca, como si el destino hubiera querido devolver al pueblo una pequeña parte de su vitalidad.
El núcleo, accesible a través de una calle cuidada, está formado por una veintena de viviendas repartidas en manzanas desiguales adaptadas a la pendiente del barranco, que parece perderse entre la vegetación. El agua, que baja abundante por la ladera, se utilizaba antiguamente para el riego de las huertas, mientras las casas se servían de depósitos y pozos para el suministro.

Pozos y soberaos

Las viviendas suelen ser sencillas, de una sola planta, a veces cuentan con semisótano y soberao (granero) y generalmente están bien conservadas, aunque los corrales son los que acusan un mayor deterioro y algunos patios se han visto sepultados por la maleza. Ésta va creciendo, imparable, sobre las puertas y los peldaños de las escaleras haciendo irreconocibles lo que antaño fueron estancias familiares, umbríos lugares de chachara, porches cubiertos de emparrado y rincones para echar una cabezada cuando las labores del campo lo permitían.
En la parte más baja del pueblo se conserva un gracioso pozo con un ventanuco, cubierto con una bovedilla y los restos de algún horno de piedra, testigos silenciosos de aquellos años remotos, anteriores a la llegada de la industria, en los que El Quejigo fue autosuficiente.


(Pilar Alonso y Alberto Gil)

miércoles, 26 de octubre de 2016

Peñarrubia - Málaga

En los años setenta, los vecinos de Peñarrubia (Málaga) tuvieron que desalojar la localidad, con motivo de la construcción del embalse de Guadalteba, que anegó gran parte del término municipal. El campanario resistió el paso de los años por encima del nivel del embalse hasta que hubo que derribarlo. La sequía permite que en ocasiones asomen los restos de la iglesia y el cementerio.

(Club Rural)

lunes, 24 de octubre de 2016

El Calabacino - Huelva

La aldea de El Calabacino está formada por un núcleo de casas aisladas y dispersas que asoman entre el arbolado, un rincón idílico que saca buen provecho de la abundancia de agua y el clima benigno de este pequeño valle escondido al pie de la Peña de Arias Montano. El lugar podría ser un escenario perfecto para algún pasaje de Rousseau sobre el "buen salvaje" y de hecho, en los últimos años se ha convertido en lugar de estancia de una nutrida comunidad hippie que ha emprendido el arreglo de algunas viviendas con soluciones más o menos afortunadas.
El camino hacia la aldea, sombreado por hermosos árboles, ya anticipa el encuentro del viajero con un lugar mimado por la naturaleza, con bancales en pendiente cubiertos de vegetación y protegidos por muros de piedra en los que sobresalen higueras, nogales y los troncos retorcidos de alcornoques centenarios. Casi al final, un arroyo se cruza con el sendero junto a una fuente de aguas impolutas consagrada a San Amaro. A partir de aquí, el camino se ramifica en veredas cubiertas de maleza, que alguna vez sirvieron como calles y suben y bajan acoplándose al terreno.
Según parece, el abandono del lugar, habitado desde el siglo XV, se produjo a lo largo de los años setenta, cuando la falta de servicios desplazó a sus habitantes a Alájar donde habían quedado muchas viviendas desocupadas a causa de la emigración de la gente del pueblo a otros lugares. Durante los ochenta, El Calabacino estuvo deshabitado y a finales de esta década se inició una lenta repoblación con sus nuevos inquilinos, que ocasionalmente han recurrido a la energía solar para suplir las carencias de las viviendas. Éstas son construcciones muy elementales, con blancos muros animados por el colorido de algunas matas de flores y rodeadas de huertas o jardines que se funden con la vegetación del entorno.

Una romería popular
En lo alto de este núcleo de urbanismo improvisado se alza la ermita de La Trinidad, un original edificio datado en 1749 y realizado con una mezcla de mampostería y arcilla roja. El templo de planta cuadrada y con el añadido de una pequeña sacristía, perdió sus objetos de valor durante la Guerra Civil, pero aún se conserva en buen estado y en octubre es objeto de una romería popular que congrega a los antiguos habitantes de la aldea.


(Pilar Alonso y Alberto Gil)

Nota que me envía un seguidor
Hola Eugenio. Gracias por tu entrada. Soy habitante de la aldea del Calabacino desde hace anyos y me gustaria puntualizarte varias cosas. La aldea se despobló ya en la decada de los 60 y quedo casi completamente vacía en los 70. Ya a principios de los 80 habia comenzado la repoblación por neorurales (los primeros repobladores se instalan en 1979-1980). La energia solar no es ocasional, es la única fuente de electricidad en el valle, y está en todas las viviendas. Saludos y gracias de nuevo por tu entrada el El Calabacino - Huelva

sábado, 22 de octubre de 2016

Poblado minero de Rodalquílar - Almería

En 1998 las excavadoras ponían fin a este poblado minero de más de 60 años, derribando gran número de viviendas y llevando a cabo una operación drástica de desalojo de sus ocupantes. Se cerraba así, arbitrariamente, un capítulo en la historia de un singular barrio fundado para albergar a los trabajadores de la explotación del cercano cerro del Cinto, donde se había obtenido cuarzo rico en oro.
Antaño, Rodalquilar era una aldea de pescadores, pero a partir de 1926 comenzaron las extracciones de mineral a cielo abierto, que inicialmente estaban en manos de una firma inglesa y fueron incautadas por los trabajadores durante la Guerra Civil. Al finalizar ésta, las minas pasaron a ser propiedad del Estado pero la obtención del oro, que se había mantenido en torno a los 5.000 kilos anuales, fue descendiendo y dejó de ser rentable. En 1966 las minas se cerraron definitivamente y la población de Rodalquilar pasó de 1.300 a 300 habitantes.
En los últimos años, el primitivo núcleo de pescadores se ha convertido en una zona de chalets, mientras que el poblado minero pasó a ser habitado por numerosas familias, algunas emparentadas con sus anteriores ocupantes. La destrucción de las casas ha convertido el lugar en un cúmulo de cascotes sobre los que avanza la vegetación y muros en los que aún se observan pintadas de protesta.

Instalaciones ruinosas
El poblado, asentado en un llano, estaba formado por hileras de viviendas de una planta, con un patio ajardinado y agrupadas en pequeñas manzanas. En cada esquina del barrio había una escuela, lo que da idea de una abundante población infantil, y fuera de este recinto estaban las casas de los técnicos y otros edificios como el casino, la iglesia, el economato y el cuartel de la Guardia Civil.
Cerca se alzan las edificaciones mineras, con sus estructuras de hormigón y los esqueletos de sus torreones a media ladera. Las instalaciones, peligrosas a causa de los pozos y las galerías, incluyen grandes depósitos circulares destinados a tratar el mineral, así como la nave de los talleres, en la que se pueden ver restos de expositores e incluso una caja de caudales.


(Pilar Alonso y Alberto Gil)

jueves, 20 de octubre de 2016

Cortijos Nuevos - Jaén

Desde hace muchos años, Manuel es el único habitante de Cortijos Nuevos, aldea asentada cerca del cauce del Guadalimar y a poca distancia de la carretera N-322 que une Bailen con Albacete. La mayor parte de sus convecinos se marcharon con las grandes oleadas de emigración repartiéndose por destinos tan dispares como Francia, Barcelona, Alicante,... o en el mejor de los casos se quedaron a vivir en Puente de Génave, donde podían disponer de una casa con luz y agua corriente, lujos de los que carecía Cortijos Nuevos, que se abastecía con agua de lluvia almacenada en un aljibe.
La cercanía del río y la tradición agrícola de la zona habían permitido que la aldea viviera tiempos mejores y tuviera hasta un centenar de habitantes, dedicados al cultivo de olivos y cereales. Incluso en épocas no muy lejanas se construyó una escuela después de que los niños asistieran al aula improvisada en una casa particular. El edificio escolar, que incluye la vivienda del maestro, se alza junto a una capilla y es la única construcción reciente en medio de un caserío que conserva en buen estado su arquitectura tradicional. El núcleo urbano carece de calles propiamente dichas y está integrado por manzanas desiguales que agrupan diversas viviendas, creando un bonito juego de muros y tejados a distintas alturas. La mayor parte de las construciones contaban con zonas destinadas a usos muy diferentes: la vivienda, el patio, los establos y los graneros. Éstos últimos podían llegar a tener dos plantas, comunicadas entre sí por una escalera exterior. La solidez de los muros, hechos con piedra de mampostería, ha preservado en parte los edificios, que a veces siguen siendo utilizados por sus dueños como almacenes y entre los que destaca un caserón de gran tamaño, que estuvo habitado por el vecino más rico del pueblo, arruinado, según cuentan, por su carácter mujeriego.

Tráfico lejano
En el recorrido de la cortijada, los hornos abandonados y las aventadoras cubiertas de herrumbre, que asoman bajo los tejadillos de los corrales, evocan otros instantes en la vida de esta aldea. Unos instantes cuyos últimos rescoldos son los ladridos de los perros y la presencia del solitario y locuaz Manuel, amigo de charlar con el visitante -e incluso de ofrecerle vino y fruta- y capaz de reconocer que ha pasado miedo alguna noche, cuando la oscuridad cae sobre las casas. Mientras, a lo lejos se observa el incesante tráfico de la carretera nacional, como una ironía del progreso.

(Pilar Alonso y Alberto Gil)

miércoles, 19 de octubre de 2016

Los Linarejos - Jaén

El emplazamiento de Los Linarejos, una bonita cortijada que se alza a más de 900 metros de altitud en un paraje recóndito de la sierra de Segura, produce en el visitante una mezcla de emoción y sorpresa. Alrededor del caserío, asentado en una pequeña planicie sobre un cerro, se alzan varios montes que superan los 1.300 metros y envuelven la aldea formando un semicírculo, como una especie de manto protector cubierto de pinares. En este valle cerrado, algunos arroyos bajan por las agudas pendientes de las laderas y se unen en las cercanías de la aldea para formar el río Orcera.
La abundancia de agua en el entorno no impidió que, paradójicamente, el lugar quedara despoblado a comienzos de los ochenta por problemas de abastecimiento. Con anterioridad, el aislamiento ya había provocado la marcha de algunos de sus habitantes, pero la mayor pérdida de población se produjo en 1981, en que se secó la fuente del pueblo, de cuyo caño mana hoy un escueto chorro de agua.

Rigores invernales

La subida al pueblo, lleva directamente al principal núcleo de casas, un conjunto bien conservado atravesado por dos callejones recoletos que se cruzan en el centro del caserío. La mayor parte de las viviendas, que no superan la veintena, tienen salida a estas dos calles y muestran aún sus muros en buen estado, blanqueados con cal y hechos con piedra, barro y pizarra. Una hilera de cuadras protege la aldea respecto a la zona más desguarecida del valle y ante la dureza de los rigores invernales.
Las viviendas suelen tener dos pisos, el bajo con dos dormitorios y una cocina con salida al corral, y el alto destinado a granero. La presencia de chimeneas y el reducido número de ventanas, de pequeño tamaño, eran la única forma de conjurar el frío. Por lo demás, las casas carecían de agua corriente y de luz eléctrica. El patrimonio familiar se limitaba a unos cuantos animales de granja y a los breves terrenos de huerta que rodean el pueblo.


(Pilar Alonso y Alberto Gil)