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viernes, 6 de marzo de 2020

Convento de Santo Domingos - Pontevedra


Uno de los conventos abandonados más bellos de Galicia se encuentra en pleno centro de la ciudad de Pontevedra, así que es un placer poder tomar algo en las terrazas de las calles de alrededor mientras lo contemplas. No obstante, debes saber que también puedes visitar sus ruinas, ya que abre de martes a domingo entre el 15 de marzo y el 31 de octubre.
Se trata de un edificio gótico del siglo XIII del que se conserva la iglesia, con sus cinco ábsides poligonales, la portada con el rosetón y un muro lateral. En el interior se encuentran las piezas de la sección de arqueología y heráldica del Museo de Pontevedra, por lo que la visita todavía cuenta con mayor interés.

martes, 25 de febrero de 2020

Pazo y Torre de Guimarei


Cercano al casco urbano de A Estrada, en San Xiao de Guimarei, se ubica una torre medieval que simboliza una de las construcciones más representativas de la localidad, la torre de Guimarei.
Esta torre, construida en el siglo XII, pudo haber estado implicada en las guerras irmandiñas, durante el siglo XV, dejándola en un estado de deterioro.
Adosado a ella están también las ruinas de un pazo-vivienda que data de XVII-XVIII.
La torre fue declarada Bien de Interés Cultural.

domingo, 16 de febrero de 2020

Vichocutín - Pontevedra


Los cinco habitantes que residen en el municipio de Vichocutín pueden definirse como los más afortunados del mundo. No todo el mundo puede disfrutar, casi en soledad, de algunos de los paisajes más bonitos de Galicia. Vichocutín puede definirse como el lugar perfecto para alejarse de los problemas y el estrés de la ciudad para reencontrarse con uno mismo en lo más profundo de la naturaleza. 
La belleza de la provincia de Pontevedra se muestra en todo su esplendor en un paisaje propio de una
película del Señor de los Anillos que merece la pena visitar al menos una vez en la vida.

OK Diario

sábado, 18 de enero de 2020

Finca do Frendoal - Aldán

Situado en la localidad de Aldán, en el municipio de Cangas do Morrazo, se encuentra situado un pazo conocido como la Casa Torre de Aldán. 
Este pazo, propiedad de los condes de Canalejas, poseía una enorme finca utilizada por sus dueños para la caza. Con el paso del tiempo, la finca fue donada temporalmente al concello de Cangas quién decidió abrirla al publico para el disfrute de todos los vecinos y viajeros que decidan visitarla y conocer sus molinos, acueducto y su castillo.
La finca se encuentra situada en el kilómetro 109 de la carretera PO-315. Es bastante difícil de encontrar ya que no cuenta con carteles informativos y la entrada se hace por un pequeño sendero que se introduce en el bosque. Cuando os introducís por el camino la sensación es de abandono, pero una vez divisáis el torreón del castillo, el bosque poco a poco os engulle y os lleva un lugar mágico cargado de una gran belleza natural.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Aldea da Arufe (Cotobade)

Esta aldea se encuentra en Cotobade, en la provincia de Pontevedra de Galicia.
En este pueblo de canteros, puede verse cubierto de verde desde un templo que lleva a una caballería a través de un camino empedrado, hasta casas de piedra.
La aldea se quedó completamente desolada a mediados del siglo XX.

lunes, 11 de noviembre de 2019

A Casa da Peste - A Godela

Esta es una de las dos casas que todavía se mantienen en pie en A Godela, en
la parroquia Aguasantas, en Cerdedo-Cotobade, Pontevedra.
Esta casa, construida en el siglo XVIII, se le conoce como casa da peste porque se
dice que en ella se encerraba a los lugareños que padecieron dicha enfermedad.

sábado, 10 de agosto de 2019

Ruinas del Cuartel de Silleiro

Junto al faro de Cabo Silleiro, se mantienen medio derruídas, los restos de unas instalaciones militares que en su época sirvieron para poder vigilar la bocana de la Ría de Vigo y de la entrada de Baiona.
Sus instalaciones cuentan con cuatro cañones que aún hoy se pueden obeservar bajo sus garitas desde la carretera de la costa que une Baiona con A Guarda. Sus inicios datan del siglo XX, justo despues de la guerra civil de 1936, más concretamente en la década de los 40.
A las instalaciones se puede acceder desde dos lugares diferentes. Saliendo de Baiona en dirección a A Guarda, siguiendo la PO-552 que discurre junto al mar, llegaremos a Cabo Silleiro, donde está el desvío que asciende hacia el faro. Si vamos en vehículo debemos prestar atención a este cruce, pues se realiza antes de una curva de escasa visibilidad. Por encima del faro ya veremos los restos de una instalación militar que se encuentra fuera del recinto. Una curva cerrada nos situará en dirección al cuartel, donde ya podremos observar la silueta del Monte Silleiro en la que destacan las garitas de las baterías que sobresalen entre las rocas. También se verá el edificio más elevado, que es la torre de telemetría. Por debajo de esta se ubica el recinto abandonado y en ruinas de la mayoría de las dependencias militares. Un poco más adelante está la desviación en donde se encuentra el arco de acceso principal.
Una vez llegamos a la entrada del cuartel, podremos observar los restos de las viviendas del capellán y del sargento. Junto a ellas, un gran arco de piedra que conservaba el escudo franquista hasta hace muy poco, nos marca la entrada a la plaza donde se ubicaban parte de las instalaciones militares, como la cantina o las dependencias oficiales. Todo ello derruído y repleto de escombros. Un muro adosado a la colina protege estas instalaciones de las tempestades atlánticas. En este muro se abrían unos arcos que comunicaban con los pasadizos que todavía hoy se conservan en buen estado. Por un pequeño hueco “artificial” se accede a los antiguos túneles del bunker donde se localizaban los barracones y el acceso a las baterías. Una vez dentro, y provistos de luz artificial, podremos recorrer casi 200 m de galerías, en las que veremos los viejos raíles por donde se llevaba el cargamento y las diferentes estancias que albergaba el lugar. Aún se pueden ver los restos de las instalaciones eléctricas y los restos de puertas blindadas y alguna que otra estantería. El bunker cuenta incluso con escaleras y rampa para el descenso hacia las baterías. No es aconsejable el acceso al bunker, pero si alguién se adentra, deberá tener ir provisto con linterna y deberá tener especial cuidado con los agujeros y los escombros que se esparcen por el suelo. Sobre todo antes de entrar en las baterías donde se estrecha la puerta, hay una especie de “trampa” en forma de pequeño foso cuadrado de varios metros de profundidad. Para acceder al cañón hay que saltar sobre él. Hay también varias escaleras de metal en el interior del recinto cuya degradación es alta y por las cuales no se debería ascender.
Una vez llegamos a la entrada del cuartel, podremos observar los restos de las viviendas del capellán y del sargento. Junto a ellas, un gran arco de piedra que conservaba el escudo franquista hasta hace muy poco, nos marca la entrada a la plaza donde se ubicaban parte de las instalaciones militares, como la cantina o las dependencias oficiales. Todo ello derruído y repleto de escombros. Un muro adosado a la colina protege estas instalaciones de las tempestades atlánticas. En este muro se abrían unos arcos que comunicaban con los pasadizos que todavía hoy se conservan en buen estado. Por un pequeño hueco “artificial” se accede a los antiguos túneles del bunker donde se localizaban los barracones y el acceso a las baterías. Una vez dentro, y provistos de luz artificial, podremos recorrer casi 200 m de galerías, en las que veremos los viejos raíles por donde se llevaba el cargamento y las diferentes estancias que albergaba el lugar. Aún se pueden ver los restos de las instalaciones eléctricas y los restos de puertas blindadas y alguna que otra estantería. El bunker cuenta incluso con escaleras y rampa para el descenso hacia las baterías. No es aconsejable el acceso al bunker, pero si alguién se adentra, deberá tener ir provisto con linterna y deberá tener especial cuidado con los agujeros y los escombros que se esparcen por el suelo. Sobre todo antes de entrar en las baterías donde se estrecha la puerta, hay una especie de “trampa” en forma de pequeño foso cuadrado de varios metros de profundidad. Para acceder al cañón hay que saltar sobre él. Hay también varias escaleras de metal en el interior del recinto cuya degradación es alta y por las cuales no se debería ascender.
Por unas escaleras de metal se accede al edificio de telemetría, desde donde se obtiene una magnífica panorámica de la ría. En sentido descendente y siguiendo los raíles llegaremos a las cuatro piezas de artillería Vickers que aún hoy se conservan. Alguna de ella data de la dictadura de Primo de Rivera, es decir de la década de los años 20.
Fuera del recinto y por encima del faro de Silleiro se ubican los restos de otras instalaciones que albergaban cocinas, baños y otra planta de observación.

Galicia Máxica 

lunes, 5 de agosto de 2019

Salvaterra de Miño

En uno de nuestros paseos por un bosque cualquiera poblado de eucaliptos nos adentramos sin esperar nada por un viejo camino de carros que parecía conducir a ningún sitio. El camino era de origen centenario aunque sus piedras laterales demostraban una posterior rehabilitación. Unos pocos metros más y empezamos a observar pequeños vertederos de edificaciones de las que ya no quedaba nada.
Sin embargo luego aparecieron las primeras edificaciones de piedra tragadas por la hierbas. Se nos dio por recorrer los alrededores y encontramos casi una docena de casas más , todas ellas escondidas por la vegetación. Se trataba de casas cuya antigüedad podría abarcar desde el siglo XVIII o XIX hasta mediados del siglo XX. Casi todas eran de piedra excepto los galpones y parte de una vivienda de dos plantas en donde el cemento era el protagonista. Una de ellas destaca por el tamaño y la excelente calidad de su sillería y que parecer ser el centro del núcleo.
Recorriendo los aledaños nos encontramos con los pies de un hórreo, un pozo, una casa con horno tradicional, los restos de un lagar del siglo XX en los que aún se puede ver un poco de la “trabe” y varias edificaciones que tenían varias puertas, cosa que parecía demostrar un uso de almacén. De muchas solo quedan sus bases y otras sin embargo mantienen bien su estructura de paredes pues sus cubriciones han desaparecido.
La falta de agua corriente, electricidad y asfaltado nos remontan al siglo pasado y observando el vuelo americano de finales de los 60 se aprecia el terreno aún cultivado. Los grandes eucaliptos que crecieron junto a los muros de las casas y que se salvaron de varios incendios también parecen tener mucho más de medio siglo.
El terreno con forma de terrazas, los restos de lagares y la tradición vinícola de la zona hacen previsible una relación con la uva y el vino con esta aldea.
Sin embargo aún no hemos encontrado a nadie que nos pueda aclarar el nombre del lugar y de la aldea, si bien los mapas cartográficos denominan la zona como tal o tal, por lo que rogamos que si alguien lee estas líneas y conoce esta aldea nos dijera un nombre más preciso. El lugar se encuentra a poco más de 500 metros en línea recta del mítico Monte do Castelo y la capilla de la gran piedra que forma la capilla de la Asunción y por debajo y a escasos metros de los depósitos de agua de Salvaterra de Miño, un lugar de canteras abandonadas y alguna piedra con grabados en forma de cruz, posiblemente relacionados con la actividad de cantería.
No muy lejos, aunque ya fuera de esta aldea, existe una impresionante casona abandonada del siglo XVIII que se localiza muy cerca del Pazo das Barreiras y prácticamente en donde se ubicaría la desaparecida gran fortaleza de Santiago de Aytona, fortaleza relacionada con los fuertes de Salvaterra y las guerras lusas.


(Galicia Máxica

sábado, 24 de diciembre de 2016

Aldea da Fraga de San Cibrán - Pontevedra - Pontevedra

En pleno monte de Bembrive quedan los restos de una población que fue abandonada quizá en el siglo XIX o antes, sin que se conozcan las causas exactas. Se llama Aldea da Fraga de San Cibrán, y de ella aún son visibles aunque con dificultades dos o tres casas entre la maleza. Es uno de los grandes atractivos de la senda de río Eifonso, un arroyo que desemboca en el Lagares y que a su paso deja un camino lleno de molinos, vegetación singular y cascadas que integrará un parque botánico único en Vigo, que incluirá la aldea perdida que la Entidad Menor pretende recuperar mediante un acuerdo de ocupación con los propietarios de las fincas.
El viejo núcleo prácticamente ha desaparecido entre la vegetación, pero todavía se pueden encontrar los restos de algunos de los seis edificios que en su momento albergaron varias familias que vivía de la agricultura, de los frutos de la tierra, el ganado y de los molinos, y de una escasa actividad comercial. La primera noticia de la Aldea da Fraga es de 1528, cuando el obispo de Tui entrega "el casal de la Fraga de San Cibrán con sus dos casa de morada" a Gregorio Vázquez Escudero, que estaba obligado "a morar dicho casal y labrar las heredades dentro de los dichos límites que son para dar pan, y que el dicho Gregorio  y labradores que allí estuvieran e moraren, residiendo en dicho casal sean vasallos y obedientes de su santidad el obispo".
Estaba en el cruce de cuatro caminos medievales, a Beade, Valladares a Bembrive y al Val de Louriña, y por la vía principal pasaron las tropas locales en defensa de los invasores portugueses (en 1665) y franceses (en 1808), así como los peregrinos a Santiago. El último grupo notable que transitó por la zona fueron los trabajadores de las primeras aguas públicas de Vigo, en 1898, de las Minas de Champintiel.
El alcalde pedáneo, Roberto Ballesteros, explicó que lo primero que harán es una limpieza general del camino que incluirá la recuperación de la toponimia.  Así, este otoño estará listo el Parque Botánico Arco da Vella, el nombre elegido.  En cuanto a la Aldea da Fraga, señaló que las fincas son privadas. "Vamos a iniciar los trámites para negociar con los propietarios de los terrenos, que tienen su leyenda pero no son nuestros aún", indicó.

(Atlántico - Vigo)