Entre la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVIII Extremadura acogió siete centros educativos de la Compañía de Jesús: Plasencia, Cáceres, Llerena, Badajoz, Higuera la Real, Fuente del Maestre y Fregenal de la Sierra. La fundación de estos centros de enseñanza no obedecía a ninguna cuestión territorial, si no que estaba basado únicamente en cuestiones económicas, es decir solamente se construyeron centros donde hubo mecenas que pudieron acometer las obras. La forma de proceder de la orden religiosa para la fundación de los colegios era la siguiente: varios religiosos se desplazaban a la localidad donde querían fundar el centro y buscaban vecinos pudientes que pudieran asumir económicamente la construcción del colegio o que pudieran realizar importantes donaciones.
El colegio jesuita que nos ocupa es el de Fregenal de la Sierra, allí nació en 1546 el comerciante Alonso de Paz Rodríguez. Siendo muy joven viajó a Panamá junto a su hermano mayor para buscarse la vida y tras 10 años regresó a España estableciéndose en Sevilla donde fundó un exitoso negocio comercial con las Indias de cuero y machetes. Habiendo conseguido una gran fortuna regreso a Fregenal donde mantuvo varios encuentros con los jesuitas con el fin de fundar un colegio y un convento en la localidad, algo de lo quedó constancia el 13 de enero de 1597 en su testamento realizado ante el escribano Juan Pérez Calleja. En dicho testamento quedó reflejada la donación a la Compañía de Jesús de 20.000 ducados para la fundación de un convento (actual Convento de la Paz o de las MM. Agustinas) y 40.000 ducados destinados a la edificación de un colegio donde se impartirían clases de Gramática, Artes, Filosofía y Teología. Finalmente falleció el 21 de enero de 1597.
En su testamento mostró una postura abierta a la hora de ejecutar las obras del colegio, dejando total libertad a los religiosos: de estos quarenta mil ducados hagan y hedefiquen la cassa y collegio como a los dichos padres paresçiere.
Sin embargo también dejó por escrito su voluntad de erigir en el centro de la capilla mayor de la iglesia un sepulcro para él y sus descendientes realizado de cantería con sus armas labradas excluyendo así a los religiosos de enterrarse en aquel lugar.
la capilla principal de la iglesia sea mia e descendientes de mis padres para que se puedan enterrar todos en ella y no se pueda enterrar en ella otra persona
Este deseo contravenía las leyes que la Orden había dictado sobre los enterramientos, solo permitidos debajo del presbiterio en un principio para sus fundadores y jesuitas. Tras varias modificaciones posteriores en el cumplimiento de lo establecido de forma testamentaria se aceptó el dinero para levantar el colegio con la inclusión de una cláusula que limitaba el enterramiento a él pero excluía a su familia. Tres años más tardes del fallecimiento de Alonso de Paz, en 1600 comenzaron las obras del colegio y en 1606 se comenzaron a cursar los estudios.
El colegio e iglesia estuvieron en funcionamiento hasta el año 1767, año en que la Pragmática Sanción de Carlos III dictaba la expulsión de los jesuitas de la Corona de España y el embargo de sus bienes. Concretamente en Fregenal de la Sierra, el viernes 3 de abril de aquel mismo año el alcalde mayor de la villa, Don Pedro de Torrecilla y Carvajal, ordenó a los religiosos que abandonaran el centro siendo confiscado todo su dinero y patrimonio. A Fregenal llegaron todos los jesuitas de la región, un total de 41 religiosos procedentes de colegios de Llerena, Higuera la Real, Badajoz, Cáceres y Plasencia, desde donde partieron al Puerto de Santa María para definitivamente acabar en los Estados Pontificios.
Tras la expulsión de los jesuitas, en 1777 el templo aparece mencionado como Real Oratorio Privado de Su Majestad, al pasar el edificio a formar parte del Real Patrimonio. Posteriormente la iglesia fue convertida en palacio o casa solariega por Susana de Montes y Bayón, I condesa de la Santa Espina. Posteriormente es probable que pasara a manos de Ernestina Fernández-Cavada Jalón, XIII Marquesa de Castrofuerte. La noble consideró que la iglesia era la propietaria moral del inmueble por lo que donó el edificio al convento de monjas agustinas de Nuestra Señora de la Paz en 1970. Para la pequeña congregación de monjas, con unos recursos muy limitados, el edificio supuso una carga ya que no podían encarar la rehabilitación del inmueble por lo que el solar quedó abandonado siendo frecuentemente asaltado y pronto amenazando ruina. Posteriormente, en 1980, las monjas decidieron venderlo a tres vecinos del pueblo por 450.000 pesetas, que viendo que no podían derribar el conjunto y edificar otro inmueble terminaron traspasándoselo al Ayuntamiento de Fregenal en 1994 por varios millones de pesetas. Ya en manos municipales fue usado como cochera y almacén del servicio municipal de obras.
Tanto el colegio como la iglesia ocupan toda una manzana, sus elementos constructivos son básicamente el ladrillo sobre una base de piedra. La sobriedad del colegio choca con la fachada de tendencias barrocas de la iglesia. El colegio se resolvió con dos plantas de base rectangular junto a un patio, definieron unas estructuras muy prácticas adaptadas para la liturgia y la enseñanza, algo muy propio de la funcionalidad de los jesuitas. El exterior del centro educativo dispone de balcones de hierro en la segunda planta y su fachada está adornada por los escudos de armas de Alonso de Paz y la condesa de la Espina. Por su parte, la iglesia presenta claras influencias de la arquitectura andaluza de los siglos XVII y XVIII. Estructurada en una sola nave sin crucero estacado y sin tribunas ni capillas laterales. Posee una torre campanario adosada a la cabecera del templo. Su interior se encuentra prácticamente desprovisto de elementos decorativos. La fachada principal está construida con sillares de piedra y resuelta con una portada adintelada coronada con un frontón triangular partido y una pequeña hornacina. Lo más característico es el remate barroco de líneas ondulantes propias de siglo XVIII. Tras la capilla mayor del templo se haya enterrado su fundador Alonso de Paz junto a algunos jesuitas frexnenses.
Actualmente el colegio, al que es imposible acceder, se encuentra en completa ruina, habiendo perdido la totalidad de la cubierta y manteniendo únicamente los muros principales y algunas paredes medianeras. Por su parte la iglesia, a pesar del deterioro manifiesto que presenta, se encuentra en mejores condiciones, no obstante existe un importante deterioro del retablo y los esgrafiados, la estructura se mantiene en pie probablemente por el hecho de haber servido de cochera y almacén para el ayuntamiento. En el interior del templo la puerta que comunicaba con el colegio se haya actualmente tapiada, de la misma forma se encuentra el acceso a la torre y a la cripta que se encuentran detrás del ábside.
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miércoles, 22 de abril de 2020
jueves, 26 de marzo de 2020
Ermita de la Madre de Diós - Arroyo de San Serván
La ermita de la Madre de Dios se localiza en una ladera de la Sierra de Arroyo, próxima a la población. Está incluida en la Lista Roja del Patrimonio (en peligro) de Hispania Nostra, pero no es uno más de tantos preciosos monumentos abandonados de la mano de las administraciones competentes (¡aunque no de la mano de Dios, como veremos más adelante!); la ermita de la Madre de Dios tiene una curiosa historia.
Según el libro “Arte y religiosidad popular. Las ermitas en la Baja Extremadura (Siglos XV y XVI)” (VV. AA., Zafra, 1995) las primeras noticias sobre la ermita, también conocida como Nuestra Señora de la Sierra, son de 1501, teniendo culto hasta comienzos del siglo XX. Según otras informaciones (Ermita de la Encarnación, último acceso: 13-12-2013) la ermita fue construida mediante limosnas por el franciscano Fr. Juan de la Puebla, y su techumbre se derrumbó en 1927, acelerándose entonces su proceso de destrucción.
Cuando nos acercamos a visitarlo el edificio produce una impresión desoladora, como si una bomba hubiera caído sobre ella de repente. Así, la iglesia ha perdido completamente la cubierta y conserva en muy mal estado parte del ábside, uno de los muros de cerramiento de la nave y el coro; también restos de una capilla que estuvo cubierta con cúpula, seguramente la sacristía; además, la que fuera fachada principal también está completamente destruida, si bien aún son visibles restos de la portada de acceso.
Pero cuando entramos en el edificio empezamos a fijarnos en detalles que nos llaman la atención por inesperados. No sólo los arranques de las bóvedas, que fueron góticas y barrocas, sino, sobre todo, el retablo mayor de fábrica, obra clasicista en la que desconcierta lo bien conservada que está la pintura que lo recubre, lo que nos hace hace pensar que el retablo fue totalmente repintado no hace tantos años. Pero aunque sea así sigue extrañando su buena conservación en un edificio que no tiene techo ni apenas paredes. Además toda la ruina está llena de pinturas murales que representan motivos vegetales y algunos angelotes.
Pero lo más curioso es que, ya desacralizada y arruinada, la ermita o lo que queda de ella adquirió nueva vida hará unos veintitantos años al empezar a sucederse allí, a decir de algunos, apariciones de la Virgen, que además -comentaban- hablaba a través de una vecina del pueblo. Por eso las ruinas se han convertido en lugar de peregrinación. Desde entonces comenzaron a acumularse en sus paredes casi derruidas muestras de devoción popular como exvotos, imágenes sagradas, cirios y paños. Incluso están disponibles sillas para acoger a quien viene a visitarla. Habrá gente (que seguro que no juega a la lotería ni vota periódicamente), a quien esta costumbre pueda parecerle ridícula, pero lo cierto es que gracias a estas personas esta ruina sigue siendo depositaria de las peticiones y muestras de agradecimiento de creyentes de la zona (de forma completamente autónoma, además, a la Iglesia oficial con mayúsculas), dándole una renovada vida -espiritual o supersticiosa, que cada cual piense lo que quiera- a un edificio en trance de destrucción. Pero lo más sorprendente no es eso, lo más sorprendente es que los mismos vándalos que hacen pintadas en el templo respeten esas muestras tan íntimas de amor, deseos y miedos que son los exvotos. Eso, por lo menos, sí que es un milagro.
Extremadura Misteriosa
Según el libro “Arte y religiosidad popular. Las ermitas en la Baja Extremadura (Siglos XV y XVI)” (VV. AA., Zafra, 1995) las primeras noticias sobre la ermita, también conocida como Nuestra Señora de la Sierra, son de 1501, teniendo culto hasta comienzos del siglo XX. Según otras informaciones (Ermita de la Encarnación, último acceso: 13-12-2013) la ermita fue construida mediante limosnas por el franciscano Fr. Juan de la Puebla, y su techumbre se derrumbó en 1927, acelerándose entonces su proceso de destrucción.
Cuando nos acercamos a visitarlo el edificio produce una impresión desoladora, como si una bomba hubiera caído sobre ella de repente. Así, la iglesia ha perdido completamente la cubierta y conserva en muy mal estado parte del ábside, uno de los muros de cerramiento de la nave y el coro; también restos de una capilla que estuvo cubierta con cúpula, seguramente la sacristía; además, la que fuera fachada principal también está completamente destruida, si bien aún son visibles restos de la portada de acceso.
Pero cuando entramos en el edificio empezamos a fijarnos en detalles que nos llaman la atención por inesperados. No sólo los arranques de las bóvedas, que fueron góticas y barrocas, sino, sobre todo, el retablo mayor de fábrica, obra clasicista en la que desconcierta lo bien conservada que está la pintura que lo recubre, lo que nos hace hace pensar que el retablo fue totalmente repintado no hace tantos años. Pero aunque sea así sigue extrañando su buena conservación en un edificio que no tiene techo ni apenas paredes. Además toda la ruina está llena de pinturas murales que representan motivos vegetales y algunos angelotes.
Pero lo más curioso es que, ya desacralizada y arruinada, la ermita o lo que queda de ella adquirió nueva vida hará unos veintitantos años al empezar a sucederse allí, a decir de algunos, apariciones de la Virgen, que además -comentaban- hablaba a través de una vecina del pueblo. Por eso las ruinas se han convertido en lugar de peregrinación. Desde entonces comenzaron a acumularse en sus paredes casi derruidas muestras de devoción popular como exvotos, imágenes sagradas, cirios y paños. Incluso están disponibles sillas para acoger a quien viene a visitarla. Habrá gente (que seguro que no juega a la lotería ni vota periódicamente), a quien esta costumbre pueda parecerle ridícula, pero lo cierto es que gracias a estas personas esta ruina sigue siendo depositaria de las peticiones y muestras de agradecimiento de creyentes de la zona (de forma completamente autónoma, además, a la Iglesia oficial con mayúsculas), dándole una renovada vida -espiritual o supersticiosa, que cada cual piense lo que quiera- a un edificio en trance de destrucción. Pero lo más sorprendente no es eso, lo más sorprendente es que los mismos vándalos que hacen pintadas en el templo respeten esas muestras tan íntimas de amor, deseos y miedos que son los exvotos. Eso, por lo menos, sí que es un milagro.
Extremadura Misteriosa
domingo, 8 de marzo de 2020
Convento Franciscano de Lobón
La historia del convento es la siguiente: en Lobón existía una antigua ermita bajo la advocación de Santiago, junto a uno de los dos hospitales con los que contaba la villa en la Edad Moderna. El cenobio franciscano de Santiago fue fundado por la familia de los Alvarado, así Don Diego de Alvarado, cede en 1562 los terrenos para la construcción del inmueble que se ubicó junto a la antigua ermita de Santiago. En 1564 llegaron los primeros hermanos franciscanos, el convento se encontraba orientado no sólo a la vida monacal, sino también a la educación en el arte y la ciencia gracias al Colegio de Artes que allí se ubicó. Durante la Guerra de la Independencia el inmueble fue destruido por las tropas francesas a su paso por la población. Terminada la contienda los frailes informaron sobre la imposibilidad de seguir habitando e impartiendo clases en la malograda Escuela de Artes por lo que fue abandonado por la comunidad. Pero el desamparo y la ruina definitiva vinieron con las medidas desamortizadoras de Mendizábal en 1835.
El inmueble estaba compuesto por una iglesia que custodiaba la imagen de la Inmaculada Concepción, las dependencias conventuales, la escuela de artes y una serie de terrenos destinados a huertas para el sustento de los frailes.
De aquel centro religioso y cultural solamente se conservan las ruinas de lo que fuera su iglesia, estando el resto de dependencias conventuales desaparecidas. Los restos que aún hoy pueden verse se encuentran concentrados básicamente sobre el muro de la epístola de la iglesia, concretamente se mantiene en pie el propio muro y parte de la cúpula de media naranja del ábside construido a base de ladrillo y mampostería con estucado posterior y escasos restos de esgrafiados incompletos. La vegetación y la basura de la explotación agropecuaria casi tapan el muro que perdura, uno de los arcos conservados, así como los suelos del ábside. En el uso del ladrillo en los arcos y cúpula, se ha visto una posible vinculación con el arte mudéjar
Los restos del monumento se encuentran en un completo estado de ruina y abandono, el deterioro paulatino debido principalmente a las inclemencias del tiempo hace que posiblemente en breve no quede nada en pie, concretamente corren grave peligro de derrumbe la cúpula del ábside y uno de los arcos conservados.
Extremadura Misteriosa
miércoles, 19 de febrero de 2020
Ermita de San Bartolomé en Talarrubias
El edificio se sitúa en un enorme llano cultivado, y se hace visible por localizarse en una pequeña elevación del terreno. Se trata de una ermita escasamente documentada, de la que poca o ninguna información conseguimos encontrar.
Nos encontramos ante un edificio de planta centralizada con una sola nave, rematada con bóveda de crucería sobre dos arcos de medio punto y dos apuntados. A la nave principal se adosa un espacio anexo que haría las veces de sacristía. El acceso a la ermita está conformado por un arco apuntado franqueado por dos contrafuertes cilíndricos, elemento que lo aleja de la tipología común de las ermitas de la zona. A pocos metros de la portada quedan restos de otras estructuras cilíndricas que podrían corresponder a un atrio ya desaparecido.
Los materiales de construcción son principalmente el ladrillo y la mampostería, siendo reutilizadas ciertas losas y sillares de edificios anteriores, como un trozo de altar de origen romano adosado a la pared y encontrado en los años 80 durante unas excavaciones. El altar pertenecería al culto a Ceres y se encuentra actualmente en el museo provincial de Badajoz. En la zona de la ermita han sido hallados también restos de vestigios poblacionales correspondientes a épocas visigoda y romana.
El estado de la ermita es de ruina, sin ningún tipo de protección específica ni consolidación de la estructura. Buena parte del muro trasero del edificio se ha agrietado y derrumbado y las nervaduras de la bóveda se están viniendo progresivamente abajo.
La belleza y la importancia histórica de la ermita de San Bartolomé son innegables, por lo que es urgente una rápida intervención del edificio.
Arte en ruinas
jueves, 30 de enero de 2020
Convento De Santiago - Lobón
La historia del convento es la siguiente: en Lobón existía una antigua ermita bajo la advocación de Santiago, junto a uno de los dos hospitales con los que contaba la villa en la Edad Moderna. El cenobio franciscano de Santiago fue fundado por la familia de los Alvarado, así Don Diego de Alvarado, cede en 1562 los terrenos para la construcción del inmueble que se ubicó junto a la antigua ermita de Santiago. En 1564 llegaron los primeros hermanos franciscanos, el convento se encontraba orientado no sólo a la vida monacal, sino también a la educación en el arte y la ciencia gracias al Colegio de Artes que allí se ubicó. Durante la Guerra de la Independencia el inmueble fue destruido por las tropas francesas a su paso por la población. Terminada la contienda los frailes informaron sobre la imposibilidad de seguir habitando e impartiendo clases en la malograda Escuela de Artes por lo que fue abandonado por la comunidad. Pero el desamparo y la ruina definitiva vinieron con las medidas desamortizadoras de Mendizábal en 1835.
El inmueble estaba compuesto por una iglesia que custodiaba la imagen de la Inmaculada Concepción, las dependencias conventuales, la escuela de artes y una serie de terrenos destinados a huertas para el sustento de los frailes.
De aquel centro religioso y cultural solamente se conservan las ruinas de lo que fuera su iglesia, estando el resto de dependencias conventuales desaparecidas. Los restos que aún hoy pueden verse se encuentran concentrados básicamente sobre el muro de la epístola de la iglesia, concretamente se mantiene en pie el propio muro y parte de la cúpula de media naranja del ábside construido a base de ladrillo y mampostería con estucado posterior y escasos restos de esgrafiados incompletos. La vegetación y la basura de la explotación agropecuaria casi tapan el muro que perdura, uno de los arcos conservados, así como los suelos del ábside. En el uso del ladrillo en los arcos y cúpula, se ha visto una posible vinculación con el arte mudéjar
Los restos del monumento se encuentran en un completo estado de ruina y abandono, el deterioro paulatino debido principalmente a las inclemencias del tiempo hace que posiblemente en breve no quede nada en pie, concretamente corren grave peligro de derrumbe la cúpula del ábside y uno de los arcos conservados.
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