jueves, 22 de agosto de 2019

Revilla del Campo - Burgos

Esta es otra estación en ruinas, aunque el hecho de que también mantenga la vía hace que la impresión general resulte más agradable. 
Tanto el edificio de viajeros como el almacén están abiertos y un vistazo a su interior, aún a pesar de los destrozos, nos permite imaginar como eran originalmente. 

Esperando al tren

Almansa

En los años cincuenta del pasado siglo XX en España el régimen franquista comenzaba poco a poco a abrirse al mundo, concretamente en Extremadura arrancaba el conocido como “Plan Badajoz”. Al amparo de las inversiones realizadas en este plan se gestó una de las experiencias más innovadoras y originales que la iniciativa privada haya desarrollado en España en la segunda mitad del siglo XX.
El promotor y artífice de este genial proyecto fue Eusebio González Martín “Don Eusebio” un innovador empresario de la postguerra natural de la Sierra de Béjar, padre de diez hijos y abuelo de 55 nietos. Quienes le conocieron dice de él que era una persona austera y sencilla. Desarrolló en Extremadura varios proyectos como una fábrica de madera en Guadalupe, instaló la primera línea de telefonía en Extremadura y montó una central eléctrica que proporcionó electricidad a toda la comarca de Guadalupe incluyendo Trujillo. Pero su proyecto más novedoso aún estaba por llegar.
En los años cincuenta “Don Eusebio”, planeaba un nuevo proyecto, aprovechando tal y como ya hemos dicho la puesta en marcha del Plan Badajoz planificó lo que podríamos calificar como un laboratorio agroganadero experimental. Pretendía probar la eficacia de las más modernas técnicas agrícolas, nueva maquinaria importada de Alemania y Estados Unidos y a la vez trabajar con nuevos cultivos tanto de secano como de regadío. “Don Eusebio” ideo la construcción de un poblado y se encargó personalmente de elegir el terreno sobre el que se levantaría, para ello buscó un lugar que tuviese suelo fértil, agua cercana y un clima templado y se decidió establecer cerca de Alía, sobre una elevación de terreno junto a un valle cercano al rio Guadalupejo y una raña totalmente llana. De esta forma a finales de los años cincuenta del pasado siglo XX se levantó el “Complejo Agroindustrial de Almansa”.
El municipio fue habitado principalmente por colonos procedentes de Alía, Castilblanco, Valdecaballeros y Guadalupe, todos ellos deseosos de un futuro prometedor. Almansa dinamizó la economía de la zona, ya que aquí había trabajo para todo el mundo, dicen que se trabajaba bastante pero que estaba garantizado un sueldo digno a final de mes. A las personas o familias que se trasladaron allí para trabajar se les entregaba una casa y se le cedía un huerto para que lo cultivase a cambio de una parte de la producción. Otros trabajadores de Almansa sin embargo mantuvieron la residencia en sus respectivos municipios y diariamente acudían en burro o bicicleta para trabajar. Las casas eran cómodas para la época, la mayoría disponía de dos habitaciones, una chimenea usada como cocina, despensa e incluso televisor. La población de Almansa llegó a rondar las dos o tres mil personas, llegando a pagarse más de 1.500 nóminas. 
El poblado rebosaba alegría y dinamismo gracias a la gran cantidad de niños y juventud que había, contaba con más actividades de ocio que cualquier otro pueblo de la comarca, periódicamente y como en cualquier otro municipio en la plaza se realizaba el baile, se proyectaban películas de cine, todas estas actividades atraían también a vecinos de los pueblos de alrededor. Cuentan que en el patio de la casa de “Don Eusebio” al finalizar el colegio los niños representaban una obra teatral. La gente que habitó Almansa cuenta que los niños fueron felices en aquel pueblo nuevo pero que ellos tuvieron sentimientos encontrados, por un lado felicidad e ilusión por un futuro prometedor y por otra se enfrentaron con un fuerte desarraigo local.
Almansa, arquitectónicamente hablando, se configuró de forma similar a los poblados ferroviarios o pueblos de colonos, se estructuró en torno a una gran plaza diáfana. Alrededor se encontraba la iglesia, un edificio a modo de ayuntamiento que servía para realizar todas las labores administrativas, algunas de las casas de los obreros, almacenes y otros edificios destinados a servicios públicos. En el pueblo no faltaba de nada, tenían bar, lechería, carnicería, panadería, farmacia, colegio, fábrica de tabaco, fábrica de pimentón, su población era la envidia de los municipios del entorno, tenía más servicios que cualquier municipio de la zona. Los alrededores del poblado estaban rodeados por enormes campos de cultivos estructurados a través de canales de riego artesanales que bebían agua del rio Guadalupejo. Aquí se cultivó de todo, cereales, legumbres, frutas y hortalizas, aunque las mayores extensiones de cultivo correspondieron a pimientos, maíz, tomate, lechuga, garbanzos, tabaco o algodón.
El lema de Almansa, tal y como aún vemos reflejado en su emblema era:

A = Almansa
U = Unión
T = Trabajo
C = Constancia

Almansa: Unión, Trabajo y Constancia

El proyecto no duró más de 15 o 20 años, la principal causa de su decadencia fue la avanzada edad con la que contaba “Don Eusebio” cuando decidió emprenderlo. Falleció en 1961 y los herederos o bien no aprendieron como gestionarlo o no supieron adaptarse a los nuevos tiempos y terminaron con Almansa. No obstante, la desaparición de Almansa no fue inmediata si no que fue un proceso lento que duró entre 10 y 15 años. A principios de los años 70 ya casi no existían habitantes en Almansa y con el paso del tiempo los herederos fueron vendiendo sus partes de tierra hasta quedar el poblado dividido en pequeñas parcelas.
Actualmente Almansa es prácticamente un poblado fantasma, aunque aún quedan viviendo unas 7 familias que se ganan la vida con explotaciones agroganaderas. En el despoblado aún podemos observar, como se aprecia en las fotografías, las grandes casas de los obreros, la iglesia, el “ayuntamiento” y algunos edificios entre los que podemos identificar el que parecía ser el economato.

Extremadura Misteriosa 

miércoles, 21 de agosto de 2019

Villa Excélsior- Luarca

Este fastuoso palacio fue construido en el año 1912 por Manuel Méndez de Andés, heredero de una gran fortuna conseguida con una fabrica de cigarrillos por su tío del mismo nombre en el siglo XIX en Argentina.
Siendo Méndez de Andés muy pequeño fue llevado a la Argentina para que conociera el negocio, pues su tío no tenia herederos directos.
El nombre de la fábrica en Buenos Aires era Excelsior, nombre que llevaría la mansión que Andés se hizo construir primero en Buenos Aires y más tarde en Asturias. Su tío era un conocido filántropo que contribuía con donaciones a muchas causas, una calle de Buenos Aires lleva su nombre. Fue enterrado en el famoso cementerio de la Chacarita.
Luego de su muerte Méndez de Andés regresa a Asturias, se casa con la hija de una noble familia y hace construir una mansión más grande que la que tenia en Argentina.
Para su construcción no escatimó en gastos llegando a tener la casa más grande jamás construida por un indiano en Asturias, sus jardines eran de una belleza incomparable.
A partir de entonces Méndez de Andés distribuiría su tiempo entre Asturias y Buenos Aires, pero a este Méndez de Andés le faltaba algo que a su tío le sobraba, capacidad para hacer negocios y ponerlos a producir. Con la llegada de la la guerra mundial entró en bancarrota, en 1931 ya arruinado decide volver a España pero nunca regresaría, fue encontrado muerto en el camarote del barco en el que viajaba.
Su mujer e hijos siguieron viviendo durante años de los dineros acumulados pero finalmente llego lo inevitable. Sus herederos no pudieron hacerse cargo del coste de mantenimiento de la casona. 
Villa Excelsior está hoy abandonada y en estado ruinoso.

(Abandonados en España)

Villalbilla - Cuenca

Insólito lugar, un pueblo detenido en el tiempo, con una bonita iglesia en ruinas, y   donde ya no vive nadie.Muy cerca del Villar de Domingo García.
Antiguo pueblo de renteros, fue propiedad de doña Amparo Eraso Lledó. Ya bien entrado el siglo XX sus habitantes compraron las casas y las tierras a los descendientes de doña Amparo.
Diecinueve viviendas conformaban Villalbilla alineadas casi en su totalidad a lo largo de una calle. Celebraban las fiestas patronales para San Pedro. Duraban tres días y contaba con gran presencia de gentes de pueblos vecinos. Se hacia otra fiesta el primer domingo de Cuaresma dedicada a Santa María Magdalena. Al Villar se desplazaban los villalberos para realizar las compras y también iban allí a por agua, uno de los principales problemas de Villalbilla, la fuente que había no era potable y tenían que ir a buscarlas con las caballerías al Villar, a Nohedas o a Fuentesclaras indistintamente.
A la falta de agua se unió la mecanización del campo que motivó que no hubiera trabajo para todos y así los villalberos se fueron marchando principalmente a Cuenca y a Valencia.
El fin también le llegó a Villalbilla. En el año 1978 ya solo había tres casas abiertas. Las tres familias se marcharon casi a la vez. Unos al Villar y otros Cuenca.
A partir de aquí, solo soledad y silencio y la ruina total del pueblo.
La iglesia parroquial. De las dos campanas una se fue al Villar de Domingo García y la otra a la parroquia de San Fernando en Cuenca.

Villanueva de Zamajon (Soria)


Con alrededor de unas 125 habitantes, Villanueva de Zamajon tenía unos inviernos muy duros y a partir de los años 70 y 80 la emigración se cebo con esta localidad, dejando deshabitado este pueblo soriano.
Hoy en día, Villanueva de Zamajon está prácticamente intacto, por lo que pasear por sus calles nos trasporta a esa época en la que niños jugaban por las calles.
Como podéis ver, existen numerosos pueblos abandonados en España que merecen una visita, ¿preparado para conocer todo su rico patrimonio?

Sensación rural

lunes, 19 de agosto de 2019

Valsurbio- Palencia

Valsurbio es una localidad desaparecida en la década de 1960. Pertenecía al ayuntamiento de Camporredondo de Alba posteriormente anexionado al ayuntamiento de Velilla del Río Carrión, en la Provincia de Palencia, comunidad autónoma de Castilla, en España. Se encuentra a unos 1475 m de altitud, lo que la convierte en la localidad más alta de la provincia.

Historia
A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituye en municipio constitucional1 y que en el censo de 1842 contaba con 18 hogares y 94 vecinos, para posteriormente integrarse en Camporredondo de Alba.
Tenía alrededor de 100 vecinos, era una población dedicada a la agricultura y ganadería de subsistencia. Los fríos inviernos, la inexistencia de electricidad y la inviabilidad de la agricultura y ganadería provocaron que sus gentes emigraran a otras poblaciones buscando una mejor calidad de vida.

Acceso
Hoy se pueden visitar las ruinas de Valsurbio, con apenas tres casas en pie, para gozar de una tranquilidad suprema y recordar otros tiempos, para acceder allí es necesario hacerlo en un vehículo todoterreno ya que no hay carretera hasta el lugar.

Asociacionismo
Se ha creado la asociación "LA LOMBA" que aglutina tanto a propietarios como a amigos de Valsurbio y que nace como un "lobby" que pretende luchar para que Valsurbio vuelva a ser lo que era.

(Wikipedia)

Villarijo - Soria

Villarijo es otro de los pueblos abandonados de la comarca de “Tierras Altas” abandonado definitivamente al principio en la década de 1960. Se encuentra junto al río Linares en una zona de arboleda muy bella, de todos los pueblos abandonados de esta comarca es el que mejor clima tiene, ya que se encuentra a unos 800 metros sobre el nivel del mar y además está situado en la parte baja del valle del río Linares,  por todo ello disfruta de un microclima particular. 
En Villarijo había varios cultivos de cereales y frutales. Aún se pueden ver muchos de estos últimos e incluso olivares en estas tierras que se podría pensar que no se darían. Naturalmente todos estos árboles se encuentran actualmente mezclados con la maleza ya que nadie se dedica a ellos.

Pueblos abandonados o despoblados