Castil, también conocido como Castil de Carrias, por su proximidad a Carrias y popularmente como Castrillo, es un despoblado situado en la provincia de Burgos, en la comunidad autónoma de Castilla y León (España), en la comarca de Montes de Oca, perteneciente al partido judicial de Burgos. Pertenece al ayuntamiento de Belorado.
Geografía
A 17 kilómetros de Briviesca, en el sur de La Bureba, en un territorio paramero y yesífero conocido como Las Lomas y al borde de una depresión de forma semicircular en la vertiente mediterránea, formada por la confluencia de dos valles y bañada por el arroyo Quintanilleja afluente del río Tirón. Limita al norte con Carrias; por del sur con las Eras de la Red que le separan del Camino de Santiago, donde se encuentra la actual cabecera del municipio; este con el valle de Hontanillas y más allá con el valle de Oca y al oeste con el valle de Las Cuevas. Junto a las localidades de Bañuelos, Quintanaloranco y Loranquillo.
Historia
Villa de la Hermandad de Montes de Oca, en el antiguo partido Juarros, con jurisdicción de señorío ejercida por su alcalde mayor nombrado por el Conde de Murillo. A la caída del Antiguo Régimen se constituye el municipio, en el Partido de Burgos perteneciente a la región de Castilla la Vieja, que en el Censo de la matrícula catastral contaba con 37 hogares y 150 vecinos. Anexionado por Belorado tras su ocaso demográfico, contaba entonces con un único vecino, siendo durante varios años el municipio menos poblado de España.
Orígenes
El nombre de Castil sugiere la presencia de un castro aunque no se han encontrado restos que lo confirmen. Citado ya en el año de 1100 en carta de donación.
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domingo, 5 de julio de 2020
Cabreriza Soria
Cabreriza es una localidad de la provincia de Soria, partido judicial de Almazán, Comunidad Autónoma de Castilla y León, España. Pueblo de la Comarca de Berlanga que pertenece al municipio de Berlanga de Duero.
Desde el punto de vista jerárquico de la Iglesia católica forma parte de la Diócesis de Osma la cual, a su vez, pertenece a la Archidiócesis de Burgos, aunque históricamente ha pertenecido al obispado de Sigüenza en el arciprestazgo de Berlanga.
Situación
Al Sur de la provincia de Soria, en la presierra, presintiendo ya la vecina Sierra de Miedes. Se halla junto al río Talegones, en zona muy fértil; a pesar de lo cual y por la falta de carretera que la uniese a la capital del municipio, los últimos habitantes decidieron seguir viviendo en otras partes, impulsados por el éxodo rural.
Historia
El Censo de Pecheros de 1528, en el que no se contaban eclesiásticos, hidalgos y nobles, registraba la existencia 27 pecheros, es decir unidades familiares que pagaban impuestos. En el documento original figuraba como La Cabreriza, formando parte de la Comunidad de villa y tierra de Berlanga.
En el Censo de 1787, ordenado por el Conde de Floridablanca, figuraba como lugar del Partido de Berlanga en la Intendencia de Soria, con jurisdicción de señorío y bajo la autoridad del Alcalde Pedáneo nombrado por el marqués de Berlanga (que era también duque de Frías y de Uceda).
A la caída del Antiguo Régimen la localidad de constituye en municipio constitucional, entonces conocido como Cabreriza en la región de Castilla la Vieja, que en el censo de 1842 contaba con 46 hogares y 180 vecinos.
A finales del siglo XX este municipio desaparece porque se integra en el municipio Berlanga de Duero, contaba entonces con 36 hogares y 138 vecinos.
Demografía
Cabreriza contaba a 1 de enero de 2015 con una población de 1 habitante, hombre. Llegó a estar deshabitada desde 1970 hasta 2013.
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Desde el punto de vista jerárquico de la Iglesia católica forma parte de la Diócesis de Osma la cual, a su vez, pertenece a la Archidiócesis de Burgos, aunque históricamente ha pertenecido al obispado de Sigüenza en el arciprestazgo de Berlanga.
Situación
Al Sur de la provincia de Soria, en la presierra, presintiendo ya la vecina Sierra de Miedes. Se halla junto al río Talegones, en zona muy fértil; a pesar de lo cual y por la falta de carretera que la uniese a la capital del municipio, los últimos habitantes decidieron seguir viviendo en otras partes, impulsados por el éxodo rural.
Historia
El Censo de Pecheros de 1528, en el que no se contaban eclesiásticos, hidalgos y nobles, registraba la existencia 27 pecheros, es decir unidades familiares que pagaban impuestos. En el documento original figuraba como La Cabreriza, formando parte de la Comunidad de villa y tierra de Berlanga.
En el Censo de 1787, ordenado por el Conde de Floridablanca, figuraba como lugar del Partido de Berlanga en la Intendencia de Soria, con jurisdicción de señorío y bajo la autoridad del Alcalde Pedáneo nombrado por el marqués de Berlanga (que era también duque de Frías y de Uceda).
A la caída del Antiguo Régimen la localidad de constituye en municipio constitucional, entonces conocido como Cabreriza en la región de Castilla la Vieja, que en el censo de 1842 contaba con 46 hogares y 180 vecinos.
A finales del siglo XX este municipio desaparece porque se integra en el municipio Berlanga de Duero, contaba entonces con 36 hogares y 138 vecinos.
Demografía
Cabreriza contaba a 1 de enero de 2015 con una población de 1 habitante, hombre. Llegó a estar deshabitada desde 1970 hasta 2013.
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martes, 23 de junio de 2020
Iglesia de Santiago de Tronceda
Esto éxodo rural con la consiguiente escasez de visitantes sumado al complicado acceso en forma de fuertes pendientes provocó el abandono de su iglesia parroquial, la iglesia de Santiago de Tronceda, situada aún por encima a una buena distancia de Tronceda y de As Carballeiras.
Los restos de la iglesia de Santiago de Tronceda se localizan en una ladera de difícil comunicación, tan solo una pista en estado deplorable parece llegar hasta ella desde As Carballeiras.
Se rodea de un gran y fantástico bosque de robustos castaños centenarios, casi milenarios, todo una joya natural a conservar, un souto único, incomparable, en donde la naturaleza parece haber ganado al tiempo y a la civilización. Tan solo las podas que antaño se realizaban para la producción de castañas nos harán ver que aquí había más vida antes.
Parece una iglesia de origen barroco, aunque es probable que su situación no fuera elegida al azar, sino aprovechando un templo anterior, ya que no sería muy lógico construirla tan alejada a los pequeños núcleos urbanos.
Hoy lo poco que queda languidece junto a las tumbas del cementerio que la rodea y que adornan las últimas lápidas de los años setenta. Su espadaña que antaño repicaba constantemente y anunciaba a los vecinos las celebraciones y lutos que allí se sucedían hoy se desvanece y calla en el silencio. Da muestras de una reconstrucción en el siglo XX, señales de sus últimos suspiros y de un intento por mantenerla con vida.
En cuanto a su dedicación a Santiago hay quién que cuenta que por Tronceda podría pasar una antigua variante del camino de Santiago de Invierno, quizás un camino que uniera Torbeo y siguiera hasta Paradela, en Castro Caldelas. Tanto en Torbeo en la zona de A Cubela (oficialmente A Covela) como en Paradela existían sendos pasos en barca, siguiendo un trazado más sencillo y transitado el de Paradela que llegaría directamente a Monforte. El paso de barca de Torbeo se hacía muy complicado pues la ladera norte que forma el cañón del Sil es una barrera casi infranqueable
También debemos saber que estas zonas del valle del Sil fueron explotadas por los romanos y que muy cerca de Castro Caldelas discurriría la Via Nova o Via XVIII que unía Bracara con Asturica y en donde probablemente estaría localizada la mansión de Praesidio.
En la actualidad los núcleos de As Carballeiras y Tronceda se mantienen gracias a la rehabilitación de unos pocos vecinos, de los cuales muchos son llegados desde diversos países de Europa en busca de una vida diferente a lo que hoy estamos acostumbrados.
Para llegar hasta los restos de la iglesia de Santiago de Tronceda nosotros lo hemos hecho desde As Carballeiras. Justo pasado este lugar, en donde se acaba la estrecha carretera asfaltada debemos seguir a pie una pista de tierra hacia abajo. Después de 500 metros de fuerte descenso nos desviaremos totalmente a la izquierda y ahora a tan solo 450 metros sin desviarse encontraremos los restos.
Galicia Máxica
Más del Labrador - Teruel
Los bombardeos durante la Guerra Civil también destruyeron gran parte de sus construcciones. Los vecinos comenzaron a emigrar y sus últimos habitantes lo hicieron en la década de los sesenta.
Entre sus edificios resiste la iglesia de San Juan, del siglo XVIII, con su emblemático campanario. En la actualidad, se organiza hasta este lugar una tradicional romería a finales de agosto.
Tourse
Bujalcayado Guadalajara
Bujalcayado estuvo a punto de engrosar la lista de pueblos abandonados de Guadalajara. Durante muchos años solo una persona recorría sus maltrechas calles; sin embargo, desde hace poco tiempo, nuevos vecinos han venido a compartir la soledad de este páramo.
Dormido en una suave ladera y orientado al sur para aprovechar la luz y el calor del sol, se encuentra Bujalcayado, o lo que queda de él. Antes del éxodo de los años sesenta del siglo pasado unas 70 personas habitaban sus dieciocho viviendas. Su economía se basaba en la agricultura. Las tierras de Bujalcayado producían avena, cebada y trigo además de garbanzos y lentejas. También había algunos rebaños de ovejas que producían leche y lana y, por supuesto, corderos, muy apreciados por los carniceros de Sigüenza. En los meses de verano algunos vecinos trabajaban en las salinas del pueblo o en las del cercano municipio de Olmeda de Jadraque. Desde Bujalcayado se pueden ver ambas salinas al fondo del amplio valle; las de Bujalcayado cerraron en el año 1970, pero las de Olmeda todavía siguen funcionando.
Incluso en sus tiempos de esplendor, el pueblo dependía de los servicios de los pueblos cercanos. Así el cura venía a dar misa desde Olmeda de Jadraque, el médico acudía a pasar consulta desde Riosalido y el cartero venía de Sigüenza y en su ruta repartía la correspondencia en Carabias, Cirueches, La Olmeda y Bujalcayado. Al principio hacía su ruta a pie, luego a caballo y en los últimos tiempos en bicicleta. Para los asuntos administrativos los vecinos tenían que ir a Riosalido, Ayuntamiento al que pertenecían, y para moler el grano acudían con sus carros a la fábrica de los Ochovas, en Sigüenza, aunque otras veces iban al molino de Santamera.
Después de la siega llegaba el momento más esperado del año: las fiestas patronales que se celebraban el 24 de agosto, día de San Bartolomé, y duraban tres días. Se hacía una misa y una procesión, encabezada por el cura montado en una mula al que seguía todo el pueblo hasta la ermita de San Bartolomé (que distaba un kilómetro y medio del pueblo y que actualmente está en ruinas). Se mataba un cordero en estas fechas para consumir con los familiares venidos de fuera y, por la tarde, en la amplia plaza se dejaba oír el acordeón de Candidillo, músico que acudía desde el pueblo de Renales para animar el baile.
Otra fiesta importante para los vecinos de Bujalcayado era Santa Quiteria, que se celebraba el 22 de mayo. Después de la misa se bendecían los campos desde la cruz de Rivilla y, finalmente, se le regalaba una gallina al cura como mandaba la tradición.
La monotonía del pueblo quedaba rota cuando, en algunas ocasiones, aparecían los titiriteros. Todos los vecinos acudían a la plaza para ver las funciones de teatro y los juegos malabares, que alegraban el ambiente y sacaban al pueblo de su rutina. Los domingos y fiestas de guardar los vecinos pasaban sus ratos de ocio echando una partida a las cartas o jugando al frontón en el muro de la hoy ruinosa iglesia.
Para conseguir leña, los vecinos se veían obligados a ir hasta los cercanos pueblos de El Atance, Cirueches o Carabias, ya que en el término de Bujalcayado apenas había árboles.
De aquella época solo quedan los recuerdos, el pueblo se quedó vacío y durante muchos años solo un vecino transitó sus calles. Luis nunca quiso abandonar su casa y, durante los años de soledad, se empeñó en que su chimenea siempre echase humo como testimonio de que la vida todavía latía en Bujalcayado. En verano algunos antiguos vecinos regresaban al pueblo buscando la tranquilidad, sin embargo, los inviernos eran especialmente duros para vivirlos en soledad, sin más compañía que sus perros y sus ovejas.
Desde hace un par de años se ha asentado en el pueblo un matrimonio joven con una niña, que juega con las gallinas en la plaza del pueblo junto a la fuente. También vive en el pueblo todo el año una mujer joven que compró una casa en ruinas y, después de restaurarla, se mudó buscando paz y tranquilidad.
El pueblo tiene luz eléctrica, pero no agua corriente. Los vecinos acuden cada día a llenar sus garrafas a la fuente, fechada en 1910, que hay en la plaza, por donde corren a sus anchas las gallinas y los gallos mientras que un perro adormilado los observa por el rabillo del ojo.
Caminar por las calles desiertas de Bujalcayado impresiona, uno tiene la sensación de estar en un pueblo después de una batalla. Sin embargo este lugar no conoció las bombas, ni siquiera la destrucción intencionada del hombre; solo el tiempo y el abandono han bastado para causar esta desolación.
Resiesta Solana
Dormido en una suave ladera y orientado al sur para aprovechar la luz y el calor del sol, se encuentra Bujalcayado, o lo que queda de él. Antes del éxodo de los años sesenta del siglo pasado unas 70 personas habitaban sus dieciocho viviendas. Su economía se basaba en la agricultura. Las tierras de Bujalcayado producían avena, cebada y trigo además de garbanzos y lentejas. También había algunos rebaños de ovejas que producían leche y lana y, por supuesto, corderos, muy apreciados por los carniceros de Sigüenza. En los meses de verano algunos vecinos trabajaban en las salinas del pueblo o en las del cercano municipio de Olmeda de Jadraque. Desde Bujalcayado se pueden ver ambas salinas al fondo del amplio valle; las de Bujalcayado cerraron en el año 1970, pero las de Olmeda todavía siguen funcionando.
Incluso en sus tiempos de esplendor, el pueblo dependía de los servicios de los pueblos cercanos. Así el cura venía a dar misa desde Olmeda de Jadraque, el médico acudía a pasar consulta desde Riosalido y el cartero venía de Sigüenza y en su ruta repartía la correspondencia en Carabias, Cirueches, La Olmeda y Bujalcayado. Al principio hacía su ruta a pie, luego a caballo y en los últimos tiempos en bicicleta. Para los asuntos administrativos los vecinos tenían que ir a Riosalido, Ayuntamiento al que pertenecían, y para moler el grano acudían con sus carros a la fábrica de los Ochovas, en Sigüenza, aunque otras veces iban al molino de Santamera.
Después de la siega llegaba el momento más esperado del año: las fiestas patronales que se celebraban el 24 de agosto, día de San Bartolomé, y duraban tres días. Se hacía una misa y una procesión, encabezada por el cura montado en una mula al que seguía todo el pueblo hasta la ermita de San Bartolomé (que distaba un kilómetro y medio del pueblo y que actualmente está en ruinas). Se mataba un cordero en estas fechas para consumir con los familiares venidos de fuera y, por la tarde, en la amplia plaza se dejaba oír el acordeón de Candidillo, músico que acudía desde el pueblo de Renales para animar el baile.
Otra fiesta importante para los vecinos de Bujalcayado era Santa Quiteria, que se celebraba el 22 de mayo. Después de la misa se bendecían los campos desde la cruz de Rivilla y, finalmente, se le regalaba una gallina al cura como mandaba la tradición.
La monotonía del pueblo quedaba rota cuando, en algunas ocasiones, aparecían los titiriteros. Todos los vecinos acudían a la plaza para ver las funciones de teatro y los juegos malabares, que alegraban el ambiente y sacaban al pueblo de su rutina. Los domingos y fiestas de guardar los vecinos pasaban sus ratos de ocio echando una partida a las cartas o jugando al frontón en el muro de la hoy ruinosa iglesia.
Para conseguir leña, los vecinos se veían obligados a ir hasta los cercanos pueblos de El Atance, Cirueches o Carabias, ya que en el término de Bujalcayado apenas había árboles.
De aquella época solo quedan los recuerdos, el pueblo se quedó vacío y durante muchos años solo un vecino transitó sus calles. Luis nunca quiso abandonar su casa y, durante los años de soledad, se empeñó en que su chimenea siempre echase humo como testimonio de que la vida todavía latía en Bujalcayado. En verano algunos antiguos vecinos regresaban al pueblo buscando la tranquilidad, sin embargo, los inviernos eran especialmente duros para vivirlos en soledad, sin más compañía que sus perros y sus ovejas.
Desde hace un par de años se ha asentado en el pueblo un matrimonio joven con una niña, que juega con las gallinas en la plaza del pueblo junto a la fuente. También vive en el pueblo todo el año una mujer joven que compró una casa en ruinas y, después de restaurarla, se mudó buscando paz y tranquilidad.
El pueblo tiene luz eléctrica, pero no agua corriente. Los vecinos acuden cada día a llenar sus garrafas a la fuente, fechada en 1910, que hay en la plaza, por donde corren a sus anchas las gallinas y los gallos mientras que un perro adormilado los observa por el rabillo del ojo.
Caminar por las calles desiertas de Bujalcayado impresiona, uno tiene la sensación de estar en un pueblo después de una batalla. Sin embargo este lugar no conoció las bombas, ni siquiera la destrucción intencionada del hombre; solo el tiempo y el abandono han bastado para causar esta desolación.
Resiesta Solana
domingo, 14 de junio de 2020
Estación de Olmedo-Cerralbo
La estación de tren de Olmedo – Cerralbo forma parte de la vía férrea entre La Fuente de San Esteban y La Fregeneda, declarada como bien de interés cultural desde el año 2000. Se encuentra situada a 3 km de Olmedo de Camaces y a 9 km del pueblo de Cerralbo.
La apertura de esta estación se produjo el 25 de julio de 1887, siendo utilizada para bajada y subida de pasajeros. Tras muchos años de servicio, finalmente, 98 años después, fue cerrada en 1985, habiendo sido reducida en los últimos años únicamente a apeadero.
Desde ese mismo momento, la estación fue dejaba al abandono. Esto ha provocado que, en la actualidad, se encuentre en un estado de conservación deplorable, quedando únicamente la estructura exterior de lo que fue la estación. Además, hasta hace unos meses aún se conservaba la caseta de los aseos, en circunstancias parecidas; pero, recientemente, ha sido derruida por cuestión de seguridad.
En los últimos años, “La estación” se ha convertido en un lugar habitual para celebrar meriendas al aire libre y así disfrutar del paisaje que le rodea ya que, desde allí, se pueden observar parajes como el “Sierro de San Jorge”, del que hablaremos en otra entrada, o la dehesa.
Gaceta de Salamanca
La apertura de esta estación se produjo el 25 de julio de 1887, siendo utilizada para bajada y subida de pasajeros. Tras muchos años de servicio, finalmente, 98 años después, fue cerrada en 1985, habiendo sido reducida en los últimos años únicamente a apeadero.
Desde ese mismo momento, la estación fue dejaba al abandono. Esto ha provocado que, en la actualidad, se encuentre en un estado de conservación deplorable, quedando únicamente la estructura exterior de lo que fue la estación. Además, hasta hace unos meses aún se conservaba la caseta de los aseos, en circunstancias parecidas; pero, recientemente, ha sido derruida por cuestión de seguridad.
En los últimos años, “La estación” se ha convertido en un lugar habitual para celebrar meriendas al aire libre y así disfrutar del paisaje que le rodea ya que, desde allí, se pueden observar parajes como el “Sierro de San Jorge”, del que hablaremos en otra entrada, o la dehesa.
Gaceta de Salamanca
Chiriveta Huesca
Chiriveta o Girbeta en catalán es un lugar despoblado situado dentro del municipio de Viacamp y litera a 7 kilómetros, en la comarca de La Ribagorza, provincia de Huesca, Aragón España.
Está a una altitud de 602 msnm junto al desfiladero de Mont-rebei.
En 1980 contaba con 7 habitantes y en 1991 con tan solo 3. en la actualidad está despoblado. En su patrimonio está el castillo de Chiriveta.
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Está a una altitud de 602 msnm junto al desfiladero de Mont-rebei.
En 1980 contaba con 7 habitantes y en 1991 con tan solo 3. en la actualidad está despoblado. En su patrimonio está el castillo de Chiriveta.
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