lunes, 7 de noviembre de 2016

Cabaloria - Salamanca

Esta alquería tuvo varios nombres: Cadaoria, Cadalloria, y fue agregada a Sotoserrano en el año 1819.
El nombre de Cabaloría, hoy completamente despoblada, proviene de una contracción entre caven y valoria, y alude a la existencia de explotaciones de oro romanas, que han llegado a ser confundidas, en algún caso, con minas de hierro, de las que, por cierto, también se conocen algunas en la zona.
A mediados del siglo XVIII, la población de Cabaloria reducíase a 10 vecinos. Tenía doce casas habitadas, cuatro cerradas y seis casillas.
En el primer tercio del XIX, habitaban en Cabaloria 15 vecinos, con un total de 69 habitantes.
Dicha alquería se despobló a raíz de la inauguración, en el año 1965, del embalse de Gabriel y Galán, que represaba las aguas del río Alagón, aunque nunca fue inundada por dichas aguas.
Los habitantes de estas alquerías marcharon a otros lugares como Alagón del Caudillo, Madrid, Bilbao…

(Pueblos abandonados o despoblados)

Aceredo - Orense

El antiguo pueblito de Aceredo, en pleno Parque Natural del Xurxés (en Lobios), yace bajo las aguas del embalse portugués de Lindoso junto a cuatro aldeas más. Lo llamativo es que su anegación es bastante reciente, del año 1992, aunque es el resultado de un acuerdo firmado en los años 60. 
Y para sorpresa de todos, sobre todo de sus antiguos vecinos, hace solo dos años la extrema bajada del caudal de la presa dejó al descubierto una buena parte de sus construcciones y pertenencias: se pudo ver cómo algunas casas conservan hasta el tejado y las contraventanas. Si es que 20 años no son nada.

(Traveler)

domingo, 6 de noviembre de 2016

Mozuelos de Sedano - Burgos

Mozuelos de Sedano se deshabito a finales de la década de 1960, pero no quedo abandonado ya que algunas casas están en perfecto estado.
En este pueblo, al igual que en Cortiguera se grabaron gran parte de escenas de la película “El disputado voto del señor Cayo

(Pueblos abandonados o despoblados)


Las Minas - Albacete

El núcleo de Las Minas, en la divisoria de las provincias de Albacete y Murcia, toma su nombre de unas explotaciones de azufre que estuvieron en activo hasta los años 60, época en la que dejaron de ser rentables provocando el abandono de las galerías y los pozos de extracción. Todavía hoy las bocas de estos pozos, que alcanzan los 400 metros de profundidad, salpican el paisaje en torno al pueblo convertidas en vertederos improvisados en los que se arrojan todo tipo de basuras, con el riesgo de contaminar las aguas subterráneas del término. Los escasos vecinos que aún viven en la localidad se concentran en anodinos bloques de pisos a la entrada del casco viejo, situado sobre una loma y formado por austeros edificios de una sola planta en torno a la iglesia. Esta es una sencilla construcción levantada durante los años 40 en sustitución de una ermita y coronada por una torre octogonal, con un reloj que todavía marca el paso de la horas para los lugareños, en su mayoría antiguos mineros con sus familias. 
Atrás que los tiempos en que la localidad tenía cine, farmacia, párroco y médico. Atrás queda tambien la época en que vivían aquí centenares de personas instaladas en 1as cuevas que perforan numerosos cerros en torno al pueblo y que constituyeron su habitat principal.

Ferrocarril minero
El recorrido por esta barriada, una interminable sucesión de oquedades abiertas en los taludes de tierra blanquecina, sobrecoge por la pobreza de las viviendas, casi siempre precedidas de una sala en la que se observan restos de chimeneas y alacenas talladas en los montículos. Alrededor estaban los dormitorios, que se iban ampliando a medida que aumentaba la familia. La casa crecía hacia el interior y, vista desde fuera, sólo mostraba su puerta, una minúscula ventana y la chimenea para dar salida al humo del hogar.
Además de la barriada de casas-cueva, Las Minas conserva restos de una fundición y un cementerio, cuya amplitud ilustra los estragos producidos por la silicosis. A poca distancia, una vía abandonada y algunos túneles permiten reconocer el trazado del ferrocarril que conducía el mineral a una cercana estación, formada por varios decrépitos caserones.

( Pilar Alonso y Alberto Gil)

sábado, 5 de noviembre de 2016

Cabreriza – Soria

Cabreriza es un bonito pueblo dentro de la provincia de Soria, que actualmente se haya deshabitado pero no abandonado (existen algunos vecinos con residencia en Madrid que acuden de vez en cuando, al igual que cazadores y algún otro visitante recurrente). Este despoblado, se halla junto al río Talegones, en una zona muy fertil; a pesar de lo cual y por la falta de carretera que la uniese a la capital del municipio, los últimos habitantes decidieron seguir viviendo en otras partes como Berlanga de Duero.
A mediados del siglo XVIII, Cabreriza formaba parrte del señorio de la marquesa de Berlanga y duquesa viuda de Uceda. Vivían 31 vecinos en 29 casas. Había una taberna y un mesón. En 1900 vivían 195 personas y en 1950, descendieron a 157. A partir de la década de 1960 comenzó a despoblarse hasta que marcharon sus últimos vecinos hacía 1975, aunque las casas aún se mantuvieron en buen estado quince años después. Desde entonces el expolio ha sido intermitente, sin embargo, la mayoria de elementos importantes a excepción de la pila bautismal que fue robada, estan repartidos por las proximidades para evitar la fuga histórica que producen aquellos egoístas que quieren lo que no es suyo.

(Pueblos del olvido)

Bujalcayado - Guadalajara

En Bujalcayado solo vive un hombre , con la única compañía de sus perros y gatos, además de la vivienda del único habitante solo queda otra en pie. 
Todavía se puede ver los restos de la cúpula de la iglesia y la fuente de la plaza con sus chorros de agua. 

(Pueblos abandonados o despoblados) 

Baselgas - Asturias

El acceso a la localidad de Baselgas, una aldea encaramada sobre un cerro y cercana al montañoso corazón de Asturias, se hace a través de una estrecha pista que parece abrirse paso con dificultad entre la maleza. El abandono y el paso del tiempo han dejado en plena libertad a la vegetación, que se va adueñando rápidamente del asfalto como si quisiera dejar al pueblo definitivamente aislado del mundo. Un umbrío valle cubierto de robles y castaños y atravesado por el río Menende precede la subida hasta el caserío, formado por una veintena de construcciones, de las que únicamente dos están habitadas de manera estable.
En el siglo XIX, la población de Baselgas rondaba los 80 habitantes, dedicados en su mayoría al aprovechamiento agrícola del entorno, escarpado y de suelos calizos, dedicado principalmente a la producción de maíz, habas, patatas y "escanda", variedad de trigo que permitía la elaboración de un pan muy nutritivo. A mediados del siglo XX había más de 120 vecinos, pero veinte años más tarde la población se había reducido al mínimo y Baselgas entraba en una decadencia imparable, aliviada únicamente por algunos vecinos "de fin de semana".
La tradicional actividad agrícola ha dejado su huella evidente en el caserío, en el que destacan los hornos de pan adosados a las viviendas y sobre todo la magnífica colección de hórreos y paneras, una de las más interesantes de la región, adornadas con galerías de madera tallada. Entre las construcciones también es visible el edificio destinado a escuelas y en algunas fachadas de piedra se distinguen marcas y dibujos sobre los dinteles de las puertas.
A las afueras, sobre un alto y rodeada de prados se alza la capilla de la Virgen del Cerano (cuyo extraño nombre, según los lugareños, deriva de la palabra cerebro), objeto de una romería que se celebra el 15 de agosto y que, al menos ese día, vuelve a llenar de vida las calles del pueblo.

(Pilar Alonso y Alberto Gil)