Nostián es una aldea española, actualmente despoblada, que forma parte de la parroquia de Pastoriza, del municipio de Arteijo, en la provincia de La Coruña.
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Nostián es una aldea española, actualmente despoblada, que forma parte de la parroquia de Pastoriza, del municipio de Arteijo, en la provincia de La Coruña.
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Tenía un clima frío y húmedo pero saludable.
Estaba situado a la orilla derecha del río Luna. Limitaba con Abelgas al N, Campo al E, y al S y O con dos cordilleras de montes que se extienden en dirección del río Luna al que cruza un puente de madera.
En el siglo XIX Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico lo describe como lugar del Ayuntamiento de Láncara, partido judicial de Murias de Paredes. Pertenecía a la diócesis de Oviedo, vicaría del pueblo de San Millán de los Caballeros y arciprestazgo de Luna; capitanía general de Valladolid. Tenía 44 casas y una iglesia parroquial llamada de San Martín. Contaba con buenas aguas potables. Contaba con caminos a los pueblos limítrofes. Producía grano, legumbres, lino y pastos donde alimentaba el ganado. Tenía también buena caza y pesca.
Siglo XX - En 1956 se construyó para zonas de regadío del Páramo Leonés y la comarca del río Órbigo el embalse de Barrios de Luna cuyo proyecto databa de 1935-1936 y que provocó la despoblación de 14 pueblos: bajo las aguas del embalse desaparecieron para siempre los pueblos de Arévalo, Campo de Luna, Cosera, Casasola, La Canela, Lagüelles, Láncara de Luna, Miñera, Oblanca, San Pedro de Luna, Santa Eulalia de las Manzanas, Truva y Ventas de Mallo.
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Llegar a Oliegos es fácil, y aunque puede hacerse en coche es preferible hacerlo a pie desde Quintana del Castillo (a 25 km de Astorga) o desde el más cercano Palaciosmil (a 1 km de Quintana del Castillo). El recorrido desde Palaciosmil es de unos 2 km por pistas de tierra en un estado aceptable y bien señalizadas. El pueblo puede verse y pasearse si el pantano de Villameca tiene menos de 4 hm3 (puede consultarse su estado aquí).
Pese a que lleva más de 60 años sumergido, Oliegos es quizá el único pueblo cepedano que nos permite tener una visión de conjunto de la arquitectura típica de la zona, que ha ido desvaneciéndose en nombre del progreso (ese progreso que llegó de la mano del embalse). Observando con detalle es fácil distinguir los restos de las casas de los de los molinos (el pueblo llegó a contar con 10), y éstos de los de la Iglesia. También se pueden ver aún los cierres de los prados, algún puente y la calle principal del pueblo. El paso del tiempo y la acción del agua han sido especialmente duros para las casas de la zona más baja del pueblo; en la alta todavía puede verse algún ventanuco en pie, y se conserva la estructura en algunos edificios, aunque es cuestión de tiempo que solo las piedras nos recuerden que alguna vez hubo un pueblo aquí.
Los cepedanos nunca han olvidado a los vecinos de Oliegos, y cada año se celebra un homenaje al pueblo y a sus gentes en forma de recital poético itinerante (Versos a Oliegos). A la entrada del pueblo se puede ver una escultura que conmemora el hermanamiento de Villameca y Foncastín de Oliegos, que se formalizó en 2007.
Guía de Astorga
La localidad fue parte del señorío de Alcañicejo y tenía una iglesia, convento y cementerio. Pese a ello, terminó siendo anexionada por su más populosa vecina dentro de las consolidaciones territoriales de la Extremadura aragonesa.
El nombre procede del latín lucus ‘bosque o cueva sagrado’, siguiendo las leyes fonéticas del romance aragonés. Las formas Luquillo y Luguillo son diminutivos de Luco. A un kilómetro aguas abajo del despoblado, en un escarpe sobre la curva del río Huerva, hay una cueva profunda que pudo dar nombre al lugar.
El mismo origen topónimo nombra otros lugares de Aragón (Luco de Jiloca y Luco de Bordón) , uno del País Vasco (Luko), y el más conocido de todos en Galicia (Lugo).
Aparece en las crónicas en 1124 como parte de una donación de Alfonso I el Batallador, junto a otros territorios de la frontera del Huerva donados a los hermanos Fruela y Pelayo por los servicios prestados durante la reconquista. La localidad debió pasar por diversas manos hasta que fue adquirida, junto con el resto del señorío de Alcañicejo, por Jimeno de Urrea en 1217. Pasó así a ser parte del patrimonio de una de las principales casa nobiliarias aragonesas, hasta que en 1348 la Unión de Aragón, alianza de los magnates aragoneses, fue vencida en la batalla de Épila. El señorío de Alcañicejo es parte de los bienes confiscados por el rey Pedro IV de Aragón, que pronto lo vendió a la comunidad de aldeas de Daroca. Pese a ello, fue de nuevo convertida en señorío en 1357, enajenado a la corona en 1372 y devuelto a los Urrea ese año.
Su propiedad en el siglo XV es confusa. Algunos autores narran que en 1400 la población era lo bastante reducida como para que se anexionara a Herrera. Hay cierta ambigüedad en los autores sobre si aún mantenía población (dado que parece participar en las actividades de la comunidad de Daroca) o ya era una pardina. La opinión popular atribuye su despoblación a la epidemia de peste negra que asoló Occidente en el siglo XIV.
Otros autores siguen su sucesión en los testamentos de los Urrea hasta pasar por matrimonio a la órbita de los Fernández de Heredia. La existencia de varios juicios parece apuntar a que estos mantuvieron sus pretensiones sobre el antiguo señorío pero probablemente Luco fuera anexado por la Comunidad de Daroca durante el siglo XV.
Jordán de Asso lo describe ya como agregado a Herrera, así como el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar de Pascual Madoz. Desde entonces se ha usado como zona agraria, ganadera e industrial de Herrera, con la antigua iglesia de San Miguel reconvertida en ermita.
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Fue deshabitado como casi todos los despoblados oscenses entre las décadas de los 60 y 70, y actualmente se encuentra en un estado de ruina parcial, con el paso de los años, avanzada.
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Nos adentramos en las antiguas instalaciones militares con total libertad, ninguna advertencia prohibiendo el paso, cadenas o puertas que impidiesen nuestra entrada. Parece que las instalaciones fueron abandonadas hace más de una década y los polvorines y campos de maniobras trasladados a latitudes no muy lejanas. Ese abandono resulta patente en todos los edificios que visitamos y muy especialmente en el principal, carente de ventanas, sin barandillas en las escaleras y grafitis por doquier.
Allí, en el edificio principal se ubicaron, en su momento, los dormitorios, la cantina, las oficinas y el comedor. Hoy todas las plantas se encuentran diáfanas y el viento recorre las estancias a su albedrío. Desde lo que fueran ventanas acristaladas podemos divisar muchas de las instalaciones que completan el complejo militar, algunas de las garitas y la zona de campo en la que estaba instalado el campo de prácticas de tiro.
Existe cerca de estos edificios una amplia piscina en relativo buen estado, la zona de talleres, el botiquín, una barbacoa y, a lo lejos, los famosos polvorines.
Accedimos hasta ellos en nuestro coche y, dados los excrementos y el cadáver de uno de estos animales en descomposición que allí encontramos, constatamos que en la actualidad son empleados para el pastoreo de cabras.
Muy próxima a esta zona hallamos la perrera y algunos edificios con letrinas junto a un pequeño aljibe y un pozo. Y, finalmente, apuntando ya la luna sus primeros destellos, pusimos fin a nuestra visita con mucha atención a los restos de alambrada con pinchos que se esparcen por algunas zonas del camino. Con el frío que hacía no parecía buena idea bajarse del coche para cambiar una rueda.
Locusamoenus
Pedrachá es un despoblado situado en la parroquia de Cervás, del municipio de Ares, en la provincia de La Coruña, España.
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