A las afueras de Hinojal, al oeste del casco antiguo y desde mucho antes de la fundación del municipio se encuentra la Ermita de San Bartolomé o más conocida como de San Berto (diminutivo de San Roberto de Molestes, santo y monje benedictino fundador de la Orden monástica del Císter). Actualmente es propiedad del ayuntamiento hinojaliego y se encuentra en desuso religioso, en 2014 el templo fue restaurado tanto en su exterior como en su interior, incluyendo sus esgrafiados. Pero hasta 2014 se encontraba en estado de total abandono y era utilizado como almacén, presentaba graves problemas de conservación: sus esgrafiados se encontraban casi desaparecidos y el edificio presentaba serios riesgos de derrumbe.
Pocas noticias existen sobre el origen de esta particular ermita, se barajan dos hipótesis:
· Que sea de origen templario por su estilo y por encontrarse situada en la Encomienda de Alconetar, la orden del temple la habría construido al estilo oriental, propio de las órdenes militares que habían nacido en Jerusalén.
· Que el templo sea de origen musulmán, pero cristianizado y reformado por los Templarios, durante la segunda mitad del siglo XIII. Los monjes-guerreros del Temple habrían reconvertido un morabito o vivienda/panteón de algún eremita islámico en el actual templo, a favor de esta teoría está la presencia de varios enterramientos islámicos en las proximidades de la ermita.
El edificio hinojaliego presenta las características propias de los edificios religiosos templarios, con marcada austeridad y carácter militar, combina lo castrense con lo religioso. Tiene planta cuadrada y muros fabricados con lajas de pizarra, con cuatro contrafuertes del mismo material, uno por esquina respectivamente, y dos enmarcando la puerta de entrada. Sólo dos vanos se abren al exterior, dando lugar a un interior recio y austero donde sólo unos simples esgrafiados decoran las paredes. La extraña cúpula, de ladrillo, podría indicar, como hemos dicho anteriormente, que el edificio fuese erigido como el morabito de un eremita islámico.
Extremadura Misteriosa
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domingo, 16 de febrero de 2020
Santuario de Fátima
Situado en la parroquia de San Xurxo de Asma (Chantada), a unos 600 de altitud, se encuentra el sueño inacabado de un cura llamado Emilio Eyre. Después de su paso por Portugal, y sorprendido por la historia de los «Milagros de Fátima«, este sacerdote, decidió construir un santuario dedicado a la virgen en esta localidad. El santuario comenzó a construirse en 1944 sobre los restos de un antiguo castro situado en el lugar de Centulle, pero, la falta de recursos, hizo que se paralizará su construcción en 1957.
Gallegos viajeros
Gallegos viajeros
Vichocutín - Pontevedra
La belleza de la provincia de Pontevedra se muestra en todo su esplendor en un paisaje propio de una
película del Señor de los Anillos que merece la pena visitar al menos una vez en la vida.
OK Diario
miércoles, 12 de febrero de 2020
Riosequillo
Riosequillo es un despoblado del municipio castellano de Buitrago del Lozoya, en la provincia de Madrid.
Está situado a orillas del embalse que lleva su nombre, en la margen izquierda del río Lozoya, cerca de la ermita de la Trinidad, la cual se encuentra en el término municipal de Villavieja del Lozoya en lamentable estado ruinoso. Se puede acceder a Riosequillo a través de la carretera que une Buitrago con Villavieja, a la altura de Redondo de Abajo, por la Cañada del Chorrillo.
Wikipedia
Está situado a orillas del embalse que lleva su nombre, en la margen izquierda del río Lozoya, cerca de la ermita de la Trinidad, la cual se encuentra en el término municipal de Villavieja del Lozoya en lamentable estado ruinoso. Se puede acceder a Riosequillo a través de la carretera que une Buitrago con Villavieja, a la altura de Redondo de Abajo, por la Cañada del Chorrillo.
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Sona - Orense
Un lugar mágico en el que poder investigar entre la simpleza de sus calles para después poder recobrar fuerzas con el mejor pulpo de Galicia en algunos de los restaurantes más conocidos de la zona.
OK Diario
Convento Franciscano de san Antonio de Padua - Garrovillas de Allconétar
A lo largo de la Edad Media adaptaciones familias de la nobleza levantaron suntuosos enclaves monásticos, los aristócratas, a cambio de la cesión de tierras y de los medios económicos económicos para sustentar una comunidad religiosa obteniendo el beneficio de sus oraciones, un lugar de enterramiento privilegiado y un importante reconocimiento social.
El origen del convento de San Antonio de Padua hay que buscarlo en la Guerra de Sucesión Castellana que se produjo entre los años 1.475 y 1.479 y que enfrentó a los partidarios de Juana la Beltraneja, hija del difunto monarca Enrique IV de Castilla, ya los de Isabel I de Castilla “la Católica”, hermanastra de este último.
En marzo de 1476, en la ciudad de Toro, las tropas de los Reyes Católicos y una buena parte de la nobleza se enfrentaron a los partidarios de Juana la Beltraneja apoyados por su marido, el rey de Portugal, Alfonso V. La victoria sonrió a Isabel de Castilla, pero en la batalla fue capturado Enrique Enríquez, conde de Alba de Liste y propietario por matrimonio de Garrovillas. Su esposa, María Teresa de Guzmán, se encomendó a la providencia y rogó para que lo liberaran de su apresamiento, en compensación jurídica la construcción de un convento bajo la advocación de San Antonio de Padua. Enrique Enríquez fue liberado previo pago probablemente de una buena suma de dinero y el matrimonio cumplió lo prometido, concediendo posteriormente el Papa Alejandro VI su Bula fundacional.
De esta manera, los primeros condes de Alba de Listas don Enrique Enríquez de Mendoza y doña María Teresa de Guzmán fundaron en 1476 en las cercanías de Garrovillas de Alconetar un convento destinado a la comunidad franciscana, se construyó dotándolo de la iglesia, claustro, casa, cementerio y otros edificios administrativos anexos. La primitiva edificación fue construida según los cánones góticos, pero fue profundamente transformada y ampliada en el siglo XVII por el IX Conde de Alba de Liste, don Luis Enríquez de Guzmán, Virrey del Perú bajo las tendencias arquitectónicas renacentistas. Las principales obras del conjunto se cerrarían con la construcción de una sacristía en 1.668 que fue sufragada por los habitantes del pueblo.
Pero la Desamortización del siglo XIX provocó la exclamación de los frailes y la posterior destrucción del inmueble. Cuentan que en enero de 1843 los propios vecinos de la villa saquearon el edificio al quemar los retablos y pinturas de la iglesia creyendo que así afloraría el oro que guardaban. La huerta fue dividida en cinco lotes para ser subastada, la iglesia y las restantes dependencias fueron vendidas. A partir de ese momento, la iglesia tuvo múltiples usos como fábrica de tejidos, herrería, esquiladero de ovejas y establo.
Aún entre las ruinas de este majestuoso edificio se puede distinguir su iglesia, renacentista, con bóveda de crucería, es de una sola nave y ábside poligonal, con dos capillas laterales a cada lado, dos renacentistas y otras dos platerescas. Entre estas capillas se encontraban las tumbas de los condes de Alba de Liste, adornados con estatuas orantes de alabastro, esculturas cuya localización actual se desconoce. La iglesia dispone de dos puertas, una en su muro oeste que debió ser la puerta principal del templo con una ventana encima para iluminar el coro, y la otra que debió aprovecharse de la construcción primitiva se abre en la fachada norte. En el exterior se puede ver el escudo de armas de la Casa de Alba de Liste, y en su parte inferior se encuentra labrada la figura de Don Enrique Enríquez, con dogal al cuello, en señal y recuerdo de su prisión en el cerco de Toro. El claustro, en el que se supone que estuvieron enclavadas las capillas del Cristo de las Injurias y de la Vera Cruz es de un sobrio estilo renacentista, su parte baja tiene pilares cuadrados de sillería rematados con tres arcos de medio punto a cada lado, con bóveda de arista, la columnata del claustro alto sostiene una cornisa adornada con triglifos y metopas lisas. En los muros del claustro bajo existieron pinturas al fresco, hoy destruidas, con escenas de milagros y pasajes de las biografías de frailes franciscanos y leyendas explicativas.
Actualmente el edificio se encuentra en estado de ruina con deterioro progresivo como consecuencia de su abandono. Cubierto de pintadas, sus paramentos están a punto de desplomarse. Durante años se ha visto sometido a un intenso expolio y vandalismo.
El inmueble se encuentra totalmente cerrado al público con una valla que lo cerca en su totalidad. De la gran huerta del convento quedan pequeños huertos particulares, algunos de los cuales aún conservan las aljibes de las que disponían los frailes para abastecerse de agua. A pesar de estar catalogado por la Junta de Extremadura como Bien de Interés Cultural con categoría de monumento y disponer de la máxima protección legal (Decreto 115/1991, de 22 de octubre) se encuentra incluido en la Lista Roja de Patrimonio de Hispania Nostra.
Extremadura Misteriosa
El origen del convento de San Antonio de Padua hay que buscarlo en la Guerra de Sucesión Castellana que se produjo entre los años 1.475 y 1.479 y que enfrentó a los partidarios de Juana la Beltraneja, hija del difunto monarca Enrique IV de Castilla, ya los de Isabel I de Castilla “la Católica”, hermanastra de este último.
En marzo de 1476, en la ciudad de Toro, las tropas de los Reyes Católicos y una buena parte de la nobleza se enfrentaron a los partidarios de Juana la Beltraneja apoyados por su marido, el rey de Portugal, Alfonso V. La victoria sonrió a Isabel de Castilla, pero en la batalla fue capturado Enrique Enríquez, conde de Alba de Liste y propietario por matrimonio de Garrovillas. Su esposa, María Teresa de Guzmán, se encomendó a la providencia y rogó para que lo liberaran de su apresamiento, en compensación jurídica la construcción de un convento bajo la advocación de San Antonio de Padua. Enrique Enríquez fue liberado previo pago probablemente de una buena suma de dinero y el matrimonio cumplió lo prometido, concediendo posteriormente el Papa Alejandro VI su Bula fundacional.
De esta manera, los primeros condes de Alba de Listas don Enrique Enríquez de Mendoza y doña María Teresa de Guzmán fundaron en 1476 en las cercanías de Garrovillas de Alconetar un convento destinado a la comunidad franciscana, se construyó dotándolo de la iglesia, claustro, casa, cementerio y otros edificios administrativos anexos. La primitiva edificación fue construida según los cánones góticos, pero fue profundamente transformada y ampliada en el siglo XVII por el IX Conde de Alba de Liste, don Luis Enríquez de Guzmán, Virrey del Perú bajo las tendencias arquitectónicas renacentistas. Las principales obras del conjunto se cerrarían con la construcción de una sacristía en 1.668 que fue sufragada por los habitantes del pueblo.
Pero la Desamortización del siglo XIX provocó la exclamación de los frailes y la posterior destrucción del inmueble. Cuentan que en enero de 1843 los propios vecinos de la villa saquearon el edificio al quemar los retablos y pinturas de la iglesia creyendo que así afloraría el oro que guardaban. La huerta fue dividida en cinco lotes para ser subastada, la iglesia y las restantes dependencias fueron vendidas. A partir de ese momento, la iglesia tuvo múltiples usos como fábrica de tejidos, herrería, esquiladero de ovejas y establo.
Aún entre las ruinas de este majestuoso edificio se puede distinguir su iglesia, renacentista, con bóveda de crucería, es de una sola nave y ábside poligonal, con dos capillas laterales a cada lado, dos renacentistas y otras dos platerescas. Entre estas capillas se encontraban las tumbas de los condes de Alba de Liste, adornados con estatuas orantes de alabastro, esculturas cuya localización actual se desconoce. La iglesia dispone de dos puertas, una en su muro oeste que debió ser la puerta principal del templo con una ventana encima para iluminar el coro, y la otra que debió aprovecharse de la construcción primitiva se abre en la fachada norte. En el exterior se puede ver el escudo de armas de la Casa de Alba de Liste, y en su parte inferior se encuentra labrada la figura de Don Enrique Enríquez, con dogal al cuello, en señal y recuerdo de su prisión en el cerco de Toro. El claustro, en el que se supone que estuvieron enclavadas las capillas del Cristo de las Injurias y de la Vera Cruz es de un sobrio estilo renacentista, su parte baja tiene pilares cuadrados de sillería rematados con tres arcos de medio punto a cada lado, con bóveda de arista, la columnata del claustro alto sostiene una cornisa adornada con triglifos y metopas lisas. En los muros del claustro bajo existieron pinturas al fresco, hoy destruidas, con escenas de milagros y pasajes de las biografías de frailes franciscanos y leyendas explicativas.
Actualmente el edificio se encuentra en estado de ruina con deterioro progresivo como consecuencia de su abandono. Cubierto de pintadas, sus paramentos están a punto de desplomarse. Durante años se ha visto sometido a un intenso expolio y vandalismo.
El inmueble se encuentra totalmente cerrado al público con una valla que lo cerca en su totalidad. De la gran huerta del convento quedan pequeños huertos particulares, algunos de los cuales aún conservan las aljibes de las que disponían los frailes para abastecerse de agua. A pesar de estar catalogado por la Junta de Extremadura como Bien de Interés Cultural con categoría de monumento y disponer de la máxima protección legal (Decreto 115/1991, de 22 de octubre) se encuentra incluido en la Lista Roja de Patrimonio de Hispania Nostra.
Extremadura Misteriosa
domingo, 9 de febrero de 2020
Parque del Pasatiempo - Betanzos
Se trata de un «parque de atracciones» con una extensión de 90.000 metros cuadrados en el que se construyeron jardines llenos de fantasía, túneles que os adentran en la profundidad de la tierra, un laberinto, una casa de espejos, cientos de esculturas y símbolos cargados de misterio, invernaderos... A día de hoy las visitas que recibe, tanto particulares como guiadas, no hacen más que revivir el sueño de estos dos hermanos que se resiste a caer en el olvido.
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