Hay algo de espectacular en el emplazamiento de Pardos, pueblo encaramado en la sierra del mismo nombre y protegido en la hondonada que forman dos cerros, por los que en época de lluvias transcurre un torrente que va dejando huellas de una abundante vegetación a su paso. Tras el recorrido de las tierras bajas y las laderas, en las que se mantienen zonas de cultivo y abundan las parideras, corrales de piedra destinados a guardar las ovejas, la subida hasta Pardos provoca una mezcla de sorpresa y desazón a la vista de este caserío, todavía bien conservado.
Antes de llegar, las dimensiones del cementerio ya anticipan al viajero su encuentro con un pueblo que tuvo cierta importancia en el pasado, llegando a contar con ayuntamiento, cárcel, escuela, tienda de comestibles, así como una iglesia parroquial consagrada a Nuestra Señora de la Asunción y dos ermitas, Santa Catalina y San Antonio Abad, de las que se conservan las ruinas. Una treintena de casas daban cobijo a otras tantas familias, dedicadas a la agricultura y al cuidado de rebaños de ovejas y cabras, que aprovechaban los pastos del término, en el que también hubo minas de plata y canteras de yeso.
Ayuntamiento y escuela
Una amplia era precede la entrada al pueblo, que discurre a lo largo de una prolongada calle central, bordeada por edificios de buen porte, en ocasiones con balconadas de madera. Los muros de adobe rojizo de las casas alternan con los interiores pintados de añil y entre las construcciones se identifican los restos de las escuelas, con sus pizarras incrustadas en la pared, o el edificio de la casa consistorial, que ocupa una esquina de lo que debió ser la plaza mayor. Continuando por la calle se alcanza una fuente de varios caños, de la que aun mana el agua timidamente, a los pies de una enorme roca. Cerca se alza la iglesia, bien conservada por fuera pero con el interior destrozado y, a partir de esta plazuela, una breve calle y una hilera de casas suben hacia el monte.
A lo largo del pueblo, sobre la espesa vegetación que ha ido invadiendo patios, corrales y callejones, asoman higueras y almendros y el silencio sólo se ve alterado por el zumbido monocorde de los avisperos.
(Pilar Alonso y Alberto Gil, )
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domingo, 11 de diciembre de 2016
Quintana de la Peña - León
Los últimos tramos de la pista de tierra y guijarros que conduce a Quintana de la Peña, sombreados por robles de buen porte, permiten disfrutar de una idílica estampa del pueblo, que asoma a lo lejos entre la vegetación, a media ladera del monte Peñacorada. Antes de salvar el último repecho hasta el caserío, a la izquierda, se puede ver el pequeño cementerio protegido por las zarzas en el que se mantienen en pie las dos o tres cruces de los últimos lugareños enterrados en este pueblo.
Durante el siglo XIX Quintana de la Peña llegó a contar con setenta vecinos y una escuela a la que asistían una veintena de niños, que llenarían el lugar con su griterío. Sacando buen provecho de la calidad de las tierras y los pastos del entorno, la población vivía de la ganadería, de los cultivos de legumbres y grano y de varios telares donde se producían lienzos caseros que eran vendidos en las ferias de la zona.
El aislamiento del caserío, que nunca llegó a contar con carretera, produjo su paulatino abandono y en 1981 se fue el último vecino, pasando a ser ocupada esporádicamente por una asociación de carácter asistencial.
Agua de alberca
Al llegar a la entrada del pueblo una insólita pintada "¡Cuidado, Airtel informa!" pone su contrapunto irónico al silencio, que se extiende como una tela invisible sobre los caserones, alineados a lo largo de la calle principal. Al comienzo de ésta, se alzan los restos de la iglesia parroquial, dedicada a Santa Eugenia, de la que únicamente se conservan las paredes y la espadaña, desnuda de campanas. Unos esbeltos chopos montan guardia junto al templo y, a medida que el viajero sube por la calle, otros árboles -entre ellos un hermoso nogal- asoman entre las paredes hundidas.
Casas con galerías de madera en torno a un patio, fachadas adornadas con ventanas de ladrillo, grandes corrales y edificios al borde del derrumbamiento se suceden en esta calle, coronada por albercas donde se recoge un agua que llegó a ser famosa en la región por su calidad.
(Pilar Alonso y Alberto Gil)
Durante el siglo XIX Quintana de la Peña llegó a contar con setenta vecinos y una escuela a la que asistían una veintena de niños, que llenarían el lugar con su griterío. Sacando buen provecho de la calidad de las tierras y los pastos del entorno, la población vivía de la ganadería, de los cultivos de legumbres y grano y de varios telares donde se producían lienzos caseros que eran vendidos en las ferias de la zona.
El aislamiento del caserío, que nunca llegó a contar con carretera, produjo su paulatino abandono y en 1981 se fue el último vecino, pasando a ser ocupada esporádicamente por una asociación de carácter asistencial.
Agua de alberca
Al llegar a la entrada del pueblo una insólita pintada "¡Cuidado, Airtel informa!" pone su contrapunto irónico al silencio, que se extiende como una tela invisible sobre los caserones, alineados a lo largo de la calle principal. Al comienzo de ésta, se alzan los restos de la iglesia parroquial, dedicada a Santa Eugenia, de la que únicamente se conservan las paredes y la espadaña, desnuda de campanas. Unos esbeltos chopos montan guardia junto al templo y, a medida que el viajero sube por la calle, otros árboles -entre ellos un hermoso nogal- asoman entre las paredes hundidas.
Casas con galerías de madera en torno a un patio, fachadas adornadas con ventanas de ladrillo, grandes corrales y edificios al borde del derrumbamiento se suceden en esta calle, coronada por albercas donde se recoge un agua que llegó a ser famosa en la región por su calidad.
(Pilar Alonso y Alberto Gil)
Estación de Cascante - Navarra
Esta estación se ubica junto a la Vía Verde del Tarazonica y está en desuso desde 1972, cuando se cerró al tráfico la línea ferroviaria entre Tudela y Tarazona, conocida popularmente como Tarazónica.
La estación tiene una superficie construida de 518 metros cuadrados y consta del edificio que utilizaban los viajeros en planta baja, además de dos viviendas. Además, cuenta con una parcela de 1.783 metros cuadrados.
(Diario de Navarra)
(Diario de Navarra)
Estación de Cámaras Altas - Córdoba
Estación de Cámaras Altas es una estación ferroviaria situada en el municipio español de Belmez en la provincia de Córdoba. La estación se encuentra a 7 kilómetros en línea recta de la localidad de Belmez.
Situación ferroviaria
La estación se encuentra en el punto kilométrico 16,775 de la línea férrea de vía estrecha Peñarroya a Puertollano, entre las estaciones de Belmez-Ermita y de Peñas Blancas. El tramo está desmantelado desde el cierre de la línea el 1 de agosto de 1970.
Historia
La estación fue abierta al tráfico el 5 de agosto de 1906 con la puesta en marcha del tramo Peñarroya-Pueblonuevo a Pozoblanco de la línea que pretendía unir Fuente del Arco con Puertollano.
Las obras y la explotación inicial de la concesión corrieron a cargo de la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya. En el año 1924 pasó a ser explotada por la Compañía de los Ferrocarriles de Peñarroya y Puertollano. Sólo 32 años más tarde pasó a formar parte del Estado, a través de EFE. Esto hizo que en 1956 se incorporaran a la línea automotores, con motor diésel que sustituyeron al vapor. La estación era diariamente atravesada por trenes de Correos y Mercancías.
El 1 de agosto de 1970 la línea se clausuró al no ser rentable para el Estado.
Actualidad
En la actualidad la estación está en ruinas. Existen diversas propuestas para que la línea se acondicione y se pueda convertir en una vía verde donde realizar diversas rutas a pie y en bicicleta.
(Wikipedia)
sábado, 10 de diciembre de 2016
Estación de Yera - Cantabria
La estación de Yera es una de las estaciones fantasma del Ferrocarril Santander-Mediterráeo. Se encuentra situada en la pequeña localidad de Yera, a unos 3 kilómetros de la Vega de Pas en dirección al Puerto de las Estacas de Trueba. Aunque nunca llegó a entrar en funcionamiento y se encuentra en estado de abandono destaca lo complejo de su construcción ya que la estación se alza sobre un complejo de arcos que la sustentan.
Cerca de ella se pueden visitar diferentes túneles, ruinas de los barracones de presos que trabajaron en la construcción así como la boca norte del imponente Túnel de la Engaña
(Minube)
Cerca de ella se pueden visitar diferentes túneles, ruinas de los barracones de presos que trabajaron en la construcción así como la boca norte del imponente Túnel de la Engaña
(Minube)
Estación de Villaseca-Mocejón - Toledo
La estación de Villaseca-Mocejón está situada junto a la central termoelectrica de Aceca situada en el termino municipal de Villaseca de la Sagra (Toledo), encontramos esta vieja estacion de tren abandonada.
Realmente es una apeadero/cargadero, enclavado en la linea de Madrid a Ciudad Real; establecida en 1927 por la Compañia de Cementos y Asfaltos Portland Asland, para transportar calizas de sus canteras a la factoría de Villaluenga, cementera que se construyó al pie del cerro donde se extraía el material para producir cemento.
En la actualidad y segun nos comentó un lugareño, esta via muerta se utiliza esporádicamente para abastecer de gas natural la central termoelectrica, asi como lugar de aparcamiento de trenes en desuso.
(La mirada difusa)
(La mirada difusa)
Estación de Las Infantas
Nos costó bastante encontrar la estación de Las Infantas. Es la más pequeña de todas las que hemos visitado y está rodeada de árboles en un espacio muy tranquilo al que se llega por un camino de tierra. La estación comenzó a funcionar en 1870 y fue ampliada en 1925.
No he encontrado mucha información sobre Las Infantas. Cosas sin importancia en la hemeroteca: alguna visita oficial. Un par de accidentes. El 18 de octubre 1906 colisionaban dos trenes de mercancías, no hubo muertes, pero ocho vagones quedaron destrozados. Aquel día, el correo a Madrid llegó tarde. En 1928 hubo inundaciones en la zona. El ABC del 13 de septiembre de ese año cuenta que varios trenes se quedaron incomunicados en medio de las vías. La mayoría de ellos eran de mercancías, pero había uno de pasajeros que había salido de la estación del Mediodía de Madrid. “Se organizó un tren de socorro, que salió de Madrid a las tres de la madrugada, llevando a una brigada obrera que se aplicó activamente a la prestación de auxilio. Para llegar hasta el tren, el personal tuvo que recorrer una extensión de dos kilómetros vadeando charcas y hundiéndose en el fango. Con objeto de efectuar el salvamento hubo que abandonar el tren y preparar la línea, afianzando los rieles, y colocando traviesas”.
Funcionó durante más de un siglo y no lleva ni diez abandonada. He visto en otros blogs fotografías de la estación tomadas en 2010 o 2011. La cocina estaba completa, y era una cocina hermosa. Una pena. La barandilla de la escalera todavía se podía ver entonces. Alguien la ha arrancado con tan poco cuidado que ha destrozado varios peldaños de la escalera. Así que para subir a la segunda planta hay que dar una zancada importante. Subir no es problema. Bajar las escaleras es un poco más complicado.
Fue hermoso estar dentro de la vivienda del jefe de estación y que pasase un tren por la vía. El ruido es espectacular. Y después la calma y el olvido de nuevo. En el tiempo que estuvimos allí pasaron dos trenes más.
(Ya nada me puede sorprender- Lourdes Castro)
(Ya nada me puede sorprender- Lourdes Castro)
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