martes, 22 de noviembre de 2016

Torre de Amargós _ Lérida

A poca distancia de Castellnou de Montsec, en una zona baja de la misma sierra y rodeada de un paisaje en el que alterna el robledal joven, los cultivos en bancales y algunas áreas desgastadas por la erosión, se alza esta pequeña aldea que debe su nombre a la antigua presencia de un torreón de vigilancia, del que apenas quedan algunas piedras visibles, invadidas por la hojarasca.
Un breve camino que se aparta de la pista principal llevar directamente al caserío, dejando a mano izquierda el cementerio y los testos de la antigua capilla de la Virgen de la Concepción, edificio del que únicamente siguen en pie parte de los muros. Precisamente cerca de las ruinas se levantó en 1993 un templete de piedra que protege la imagen de la Virgen titular de la capilla, pidiéndole que siga haciendo de Madre "para los que somos de aquí/y a los que os saluden/mientras hacen el camino".

Una fuente muy apartada
Ya en la aldea, el silencio se ha adueñado por completo de los caserones, apenas media docena de edificios que asoman entre los espinos y dejan ver desvencijadas galerías de madera. Las construcciones, hechas con toscas piedras pizarrosas y cubiertas con lajas entre las que sobresalen las chimeneas, cobijaron una veintena de vecinos que vivían del cultivo de cereales, la producción de vino y el cuidado de algunas cabras.
Al igual que en Castellnou, la escasez de agua impuso unas fatigosas condiciones de vida, ya que los lugareños debían surtirse de una fuente, llamada La Boixera, que estaba situada a media hora de camino del caserío. El aislamiento y otras carencias agravaron esta situación y el pueblo quedó completamente deshabitado.

(Pilar Alonso y Alberto Gil)

Orbaiz - Navarra

La polémica construcción de la presa de Itoiz, iniciada en 1987 y paralizada en varias ocasiones, a veces de forma violenta, ha pendido como una gigantesca losa sobre algunas localidades ribereñas del Urrobi, como Nagore, Itoiz y Orbaiz, provocando la marcha masiva de sus habientes a otros lugares con un porvenir menos incierto.
El caserío de Orbaiz es uno de los que más han sufrido esta despoblación y en sus callejones desiertos solo se dejan ver, de vez en cuando, algunos vecinos de fin de semana que aún mantienen, débilmente, sus raíces en el lugar.
La villa de Orbaiz estuvo formada por una veintena de casas que se alzaban a lo largo de tres calles empedradas y en la que vivían más de setenta habitantes, dotados de escuela y de una iglesia parroquial consagrada a San Martín. La economía local se basaba en el cultivo de trigo, avena, maíz y patatas, en una ganadería variada y en el aprovechamiento de las riquezas del entorno, rico en bosques y en canteras de piedra caliza. En épocas de escasez, algunos vecinos obtenían también beneficios de actividades menos lícitas como el contrabando de caballos.

Ventanas ojivales
Siglos después, un silencio pesado y amenazante invade el caserío, abandonado a finales de los 60 y en el que todavía se conservan en buen estado la mayoría de las casas, con hermosos portones de madera y algunas ventanas ojivales.
Entre las construcciones destaca el torreón de una casa fuerte del siglo XVII, así como la iglesia, una sobria construcción que ha perdido ya sus campanas, trasladadas por el obispado a Andoain. No lejos del pueblo, sobre un alto, se asienta la ermita de San Emeterio, que quedará bajo las aguas del pantano si finalmente éste se lleva a cabo.

(Pilar Alonso y Alberto Gil)

lunes, 21 de noviembre de 2016

Abella - Gerona

Abella es un  pueblo situado sobre el valle de la riera d´Abella que es accesible por carretera comarcal desde el pueblo de El Veinat de Vallvigil. 
Tiene una población de 52 habitantes. 
Entre sus monumentos más destacados está la iglesia de Santa Lucía del siglo XII, es de origen románico aunque esta totalmente reformada. 
Desde el pueblo sale una camino sin asfaltar que lleva hacia el collado Verde donde se encuentra restos de antiguas minas de antimonio, hoy abandonadas.

(Wikipedia )

Camporredondo - Soria

Cuando se avista el campanario de Camporredondo, en medio de un tupido arbolado y en un valle protegido de las inclemencias del tiempo, no se comprende que este sea uno de los numerosos pueblos abandonados del norte soriano. El paraje, que parece arrancado de una estampa de la Arcadia, cumple todos los requisitos para convertirse en un lugar de refugio, lejos de la agitación urbana y, de hecho, sus antiguos habitantes regresan de vez en cuando añorando la bucólica cadencia del río que bordea el pueblo entre bosques ribereños.

Repoblaciones de pinar
Todavía en el siglo XX, Camporredondo contaba con 32 familias que vivían del ganado lanar, y cultivaban algunas huertas que permanecen activas a la entrada del caserío. Pero a finales de los 60, las repoblaciones de pinar impusieron un cambio radical en el uso del suelo y los habitantes de ésta y otras poblaciones se quedaron sin pastos y tuvieron que irse. Aquella herida no se ha cerrado y décadas después los lugareños siguen acusando al Icona de haberles privado de sus tierras.
Los vecinos de fin de semana han evitado el derrumbe total del núcleo, al que se accede cruzando un gracioso puente de piedra. El camino conduce a la calle principal que sube por la ladera de un pequeño cerro, bordeando la iglesia, sitiada por una maraña de zarzas y ortigas. El edificio, con un estilizado campanario que ha perdido parte de la cubierta, muestra los restos de su atrio y algunas ventanas de cristales emplomados.
Algo más arriba, la calle continúa hacia un conjunto de sólidos caserones y, a las afueras del pueblo, junto a la misma carretera, el cementerio encierra un bosquete de árboles y arbustos que apenas deja entrever un par de cruces de piedra.

(Pilar Alonso y Alberto Gil)

domingo, 20 de noviembre de 2016

La Alameda - Segovia

El camino que conduce al pequeño barrio de La Alameda es un bonito sendero que remonta la ladera de un cerro a la sombra de esbeltos árboles. El propio nombre del lugar se debe a que estuvo poblado por abundantes olmos, conocidos como álamos en buena parte de Castilla, diezmados por la epidemia de grafiosis que atacó a la especie en todo el mundo. La transparencia del aire en esta ladera del Guadarrama parece haber tenido efectos balsámicos sobre la vegetación, ayudada por la pureza del agua, que mana generosamente en el término y aún nutre algunas pequeñas huertas.
Nada más entrar al pueblo, un fresco caño alivia la sed del visitante y cae a continuación sobre una pila en la que abrevaba el ganado cuando el caserío estaba habitado. Las primeras citas de la aldea se remontan al año 1587 y cuatro siglos más tarde todavía contaba con 52 habitantes, pero hacia 1970 quedó despoblada a causa de la falta de luz y agua corriente y se produjo una auténtica diáspora de sus vecinos que en algunos casos acabaron buscando trabajo en Francia.
El núcleo, no obstante, contó con hermosos edificios -algunos preservados por sus dueños y en buen estado- y todavía ofrece la estampa de un rincón apacible en el que se reparten casas de amplios portalones, ruinosas paredes de piedra y construcciones cubiertas de maleza. En un rincón casi inaccesible tras un muro de zarzas se esconde una casa que exhibe su año de construcción, 1874, sobre el dintel de una ventana, una tosca cruz grabada sobre la puerta y algunos sencillos adornos de esgrafiado en la fachada. Muy cerca, un camino de ruedas de molino permite salvar el suelo encharcado hasta una mínima fuente que mana entre las piedras.


(Pilar Alonso y Alberto Gil)

Sobrón - Lantarón (Alava)

La pequeña villa de Sobrón, apartada en un paraje del desfiladero que cae en picado sobre el curso del Ebro, es un caserío diseminado entre montes abruptos. Sólo las dimensiones de la iglesia parroquial emplazada en un alto y camuflada bajo grandes árboles, deja entrever que aquí hubo un pueblo formado por algo más unas cuantas casas que asoman entre la floresta, sin otra compañía que algunos vecinos de fin de semana y los sonidos de un ganado que se sigue guardandose en los cercados del entorno.
Hasta hace algunas décadas, Sobrón era un núcleo de treinta casas, con una población de ciento veinte habitantes y una escuela a la que asistían veintitantos niños. El vecindario, aprovechando la bonanza del clima, vivía del cultivo de las huertas y de algunos frutales, como manzanos y cerezos, y se dedicaba esporádicamente al carboneo. La presencia de fuentes abundantes, entre ellas la llamada Caliente, permitió con el tiempo el desarrollo de un incipiente turismo que se acercaba a tomar baños en las estaciones termales a orillas del Ebro, donde a mediados del siglo XIX surgió un pujante balneario. En plena Guerra Civil, éste se convirtió en un hospital de campaña para atender a los heridos en el frente del Ebro y al terminar la contienda pasó a ser un singular refugio para oficiales alemanes que se negaban a volver a su país bajo las órdenes de Hitler.

Presencia alemana

En recuerdo de aquella época, junto a la ruinosa iglesia de Sobrón vale la pena acercarse al mínimo cementerio, a punto de ser engullido por una maraña de vegetación entre la que aún se distingue alguna lápida que recuerda la presencia alemana en la zona. Ya en el pueblo, entre las construcciones destaca la casa de la villa, un sobrio edificio de tres plantas en las que se repartían la escuela, la vivienda del maestro y la sala de reunión del vecindario. En las inmediaciones se alzan algunos espléndidos cerezos, al cuidado de los lugareños que han iniciado una tímida recuperación del caserío y que no dudan en desgranar sus recuerdos ante la curiosidad del viajero.


(Pilar Alonso y Alberto Gil)

Montabliz - Cantabria

Montabliz es una localidad despoblada del municipio de Bárcena de Pie de Concha, en Cantabria (España). Se encuentra a una distancia de 6 km de la capital del municipio y tiene una altitud de 490 msnm. Hoy en día el nombre de Montabliz se identifica con el bosque y el lote de caza en el que está incluido, dentro de la Reserva Nacional de Caza del Saja.
Asimismo, la infraestructura más importante de la Autovía Cantabria-Meseta, el Viaducto de Montabliz, toma su nombre de esta localidad. El pueblo de Montabliz llegó a tener una estación de ferrocarril que aun se conserva pero en la que los trenes ya no efectúan parada.

(Wikipedia)