Abella es un pueblo situado sobre el valle de la riera d´Abella que es accesible por carretera comarcal desde el pueblo de El Veinat de Vallvigil.
Tiene una población de 52 habitantes.
Entre sus monumentos más destacados está la iglesia de Santa Lucía del siglo XII, es de origen románico aunque esta totalmente reformada.
Desde el pueblo sale una camino sin asfaltar que lleva hacia el collado Verde donde se encuentra restos de antiguas minas de antimonio, hoy abandonadas.
(Wikipedia )
Cuando se avista el campanario de Camporredondo, en medio de un tupido arbolado y en un valle protegido de las inclemencias del tiempo, no se comprende que este sea uno de los numerosos pueblos abandonados del norte soriano. El paraje, que parece arrancado de una estampa de la Arcadia, cumple todos los requisitos para convertirse en un lugar de refugio, lejos de la agitación urbana y, de hecho, sus antiguos habitantes regresan de vez en cuando añorando la bucólica cadencia del río que bordea el pueblo entre bosques ribereños.
Repoblaciones de pinar
Todavía en el siglo XX, Camporredondo contaba con 32 familias que vivían del ganado lanar, y cultivaban algunas huertas que permanecen activas a la entrada del caserío. Pero a finales de los 60, las repoblaciones de pinar impusieron un cambio radical en el uso del suelo y los habitantes de ésta y otras poblaciones se quedaron sin pastos y tuvieron que irse. Aquella herida no se ha cerrado y décadas después los lugareños siguen acusando al Icona de haberles privado de sus tierras.
Los vecinos de fin de semana han evitado el derrumbe total del núcleo, al que se accede cruzando un gracioso puente de piedra. El camino conduce a la calle principal que sube por la ladera de un pequeño cerro, bordeando la iglesia, sitiada por una maraña de zarzas y ortigas. El edificio, con un estilizado campanario que ha perdido parte de la cubierta, muestra los restos de su atrio y algunas ventanas de cristales emplomados.
Algo más arriba, la calle continúa hacia un conjunto de sólidos caserones y, a las afueras del pueblo, junto a la misma carretera, el cementerio encierra un bosquete de árboles y arbustos que apenas deja entrever un par de cruces de piedra.
(Pilar Alonso y Alberto Gil)

El camino que conduce al pequeño barrio de La Alameda es un bonito sendero que remonta la ladera de un cerro a la sombra de esbeltos árboles. El propio nombre del lugar se debe a que estuvo poblado por abundantes olmos, conocidos como álamos en buena parte de Castilla, diezmados por la epidemia de grafiosis que atacó a la especie en todo el mundo. La transparencia del aire en esta ladera del Guadarrama parece haber tenido efectos balsámicos sobre la vegetación, ayudada por la pureza del agua, que mana generosamente en el término y aún nutre algunas pequeñas huertas.
Nada más entrar al pueblo, un fresco caño alivia la sed del visitante y cae a continuación sobre una pila en la que abrevaba el ganado cuando el caserío estaba habitado. Las primeras citas de la aldea se remontan al año 1587 y cuatro siglos más tarde todavía contaba con 52 habitantes, pero hacia 1970 quedó despoblada a causa de la falta de luz y agua corriente y se produjo una auténtica diáspora de sus vecinos que en algunos casos acabaron buscando trabajo en Francia.
El núcleo, no obstante, contó con hermosos edificios -algunos preservados por sus dueños y en buen estado- y todavía ofrece la estampa de un rincón apacible en el que se reparten casas de amplios portalones, ruinosas paredes de piedra y construcciones cubiertas de maleza. En un rincón casi inaccesible tras un muro de zarzas se esconde una casa que exhibe su año de construcción, 1874, sobre el dintel de una ventana, una tosca cruz grabada sobre la puerta y algunos sencillos adornos de esgrafiado en la fachada. Muy cerca, un camino de ruedas de molino permite salvar el suelo encharcado hasta una mínima fuente que mana entre las piedras.
(Pilar Alonso y Alberto Gil)

La pequeña villa de Sobrón, apartada en un paraje del desfiladero que cae en picado sobre el curso del Ebro, es un caserío diseminado entre montes abruptos. Sólo las dimensiones de la iglesia parroquial emplazada en un alto y camuflada bajo grandes árboles, deja entrever que aquí hubo un pueblo formado por algo más unas cuantas casas que asoman entre la floresta, sin otra compañía que algunos vecinos de fin de semana y los sonidos de un ganado que se sigue guardandose en los cercados del entorno.
Hasta hace algunas décadas, Sobrón era un núcleo de treinta casas, con una población de ciento veinte habitantes y una escuela a la que asistían veintitantos niños. El vecindario, aprovechando la bonanza del clima, vivía del cultivo de las huertas y de algunos frutales, como manzanos y cerezos, y se dedicaba esporádicamente al carboneo. La presencia de fuentes abundantes, entre ellas la llamada Caliente, permitió con el tiempo el desarrollo de un incipiente turismo que se acercaba a tomar baños en las estaciones termales a orillas del Ebro, donde a mediados del siglo XIX surgió un pujante balneario. En plena Guerra Civil, éste se convirtió en un hospital de campaña para atender a los heridos en el frente del Ebro y al terminar la contienda pasó a ser un singular refugio para oficiales alemanes que se negaban a volver a su país bajo las órdenes de Hitler.
Presencia alemana
En recuerdo de aquella época, junto a la ruinosa iglesia de Sobrón vale la pena acercarse al mínimo cementerio, a punto de ser engullido por una maraña de vegetación entre la que aún se distingue alguna lápida que recuerda la presencia alemana en la zona. Ya en el pueblo, entre las construcciones destaca la casa de la villa, un sobrio edificio de tres plantas en las que se repartían la escuela, la vivienda del maestro y la sala de reunión del vecindario. En las inmediaciones se alzan algunos espléndidos cerezos, al cuidado de los lugareños que han iniciado una tímida recuperación del caserío y que no dudan en desgranar sus recuerdos ante la curiosidad del viajero.
(Pilar Alonso y Alberto Gil)
Montabliz es una localidad despoblada del municipio de Bárcena de Pie de Concha, en Cantabria (España). Se encuentra a una distancia de 6 km de la capital del municipio y tiene una altitud de 490 msnm. Hoy en día el nombre de Montabliz se identifica con el bosque y el lote de caza en el que está incluido, dentro de la Reserva Nacional de Caza del Saja.
Asimismo, la infraestructura más importante de la Autovía Cantabria-Meseta, el Viaducto de Montabliz, toma su nombre de esta localidad. El pueblo de Montabliz llegó a tener una estación de ferrocarril que aun se conserva pero en la que los trenes ya no efectúan parada.
(Wikipedia)
El Retamalejo es otro de los núcleos perteneciente a Caravaca de la Cruz, la mayoría de las casas ya no tienen tejados, aun se pueden ver los restos de enseres de los moradores de estas casas.
Se aprecia que la gente vivía prácticamente del campo tanto ganadería como agricultura.
(Pueblos abandonados o despoblados)
A Ambas Aguas aún le quedan muchas casas y otros edificios en pie, se puede destacar su iglesia que está perfectamente cuidada e intacta situada en un alto y casi unida a un precioso puente medieval, el resto del pueblo tiene muchas casas en ruina.
A pesar de llamarse Ambas aguas por haber tenido agua en abundancia, hasta el año 2006 no tenían agua en sus viviendas los 4 habitantes que todavía quedan en Ambas Aguas.
(Pueblos abandonados o despoblados)