lunes, 14 de noviembre de 2016

Belchite - Zaragoza

Apenas diez días de 1937 bastaron para convertir Belchite en una amalgama de ruinas, fachadas erguidas y torreones mudéjares que aún exhiben las huellas de un feroz bombardeo, uno de los más intensos que sufrió población alguna, a excepción de Guernica, durante la Guerra Civil. La localidad, por su situación estratégica en las proximidades de Zaragoza, ya había sido escenario de otras batallas durante la invasión francesa y, tras el levantamiento militar encabezado por Franco, pasó a ser ocupada alternativamente por uno y otro ejército. El último asedio fue protagonizado por las tropas republicanas que sometieron a la población a un intenso fuego de artillería y mantuvieron después una lucha, casa a casa y cuerpo a cuerpo, con los nacionales, hasta que el pueblo quedó reducido a un montón de escombros y recuerdos doloridos.
Concluida la guerra, Franco quiso dejar una muestra patente de los daños provocados por el ejército de la República y sanear su propio desprestigio a raíz del bombardeo de Guernica. Y Belchite permaneció como estaba, acometiéndose la construcción de un nuevo pueblo para alojar a los habitantes de la villa, que habían alcanzado la cifra de 5.000 antes de la contienda.
A lo largo del siglo XIX, la villa contaba con 800 casas, numerosas iglesias y un convento, repartidas en un entramado de calles y callejas en las que transcurría una vida ligada a las tareas agrícolas, sobre todo a la producción de aceite. Parte de la población vivía de una afamada industria del estambre, hilo de lana con el que elaboraban medias y otras prendas. Décadas más tarde, el pueblo mantenía sus quehaceres diarios y al llegar la noche la gente acudía a los dos bailes, uno de los cuales se celebraba en el teatro local.
El arco de la villa da paso a una desolada calle Mayor que transcurre entre las fachadas, que dejan entrever viejos palacios. Una callecilla conduce a los restos de la iglesia de San Agustín, un hermoso ejemplo de mudéjar en el que destaca la torre, en buen estado. Entre las casas derruidas se alzan otras torres, como la del Reloj o la del templo de San Martín, con sus bellas estructuras de ladrillo en las que permanece incrustado algún obús.

(Pilar Alonso y Alberto Gil)

sábado, 12 de noviembre de 2016

Corvesín - Soria

En la provincia de Soria, a la vera de la Ruta del Cid encontramos Corvesín. Este pequeño despoblado en avanzado estado de abandono, nos impregna de fuertes recuerdos de una vida pasada que jamás volverá.
A pesar de haber encontrado muy poca información acerca de este pueblo, sabemos que tuvo varias edificaciones y hasta una escuela.
Entre los restos pudimos encontrar la iglesia totalmente devorada por la vegetación y el cementerio adjunto cerrado a cal y canto.
Existen algunas edificaciones que se resisten al tiempo y parece que pudieron llegar a tener luz. Existe una plaza llamada Plaza Horno, por lo que podemos imaginar que también tuvo horno propio.

(Pueblos del olvido)



jueves, 10 de noviembre de 2016

Cañada de Tarragoya - Caravaca de la Cruz

Cañada de Tarragoya pertenece al municipio de Caravaca de la Cruz.
Unas 5 ó 6 viviendas comprendían en su origen este núcleo urbano, era como un gran caserío que estaba partido en dos partes por la carretera C-18, a un lado unas 4 viviendas y al otro un gran corral para el ganado y otra u otras 2 viviendas más.

(Pueblos abandonados o despoblados)

Cañizal de Rueda - León

Las casas de adobe soportan mal el paso del tiempo en Cañizal de Rueda, una mínima localidad rodeada de vegetación y con abundantes manantiales y fuentes que todavía alimentan pequeñas huertas, al cuidado de algunos vecinos de fin de semana.
Tan solo una vivienda situada a las afueras está ocupada de manera estable, después de un proceso de despoblamiento que se inició en los años sesenta, cuando el núcleo contaba con sesenta y dos habitantes. Con la llegada del verano, el caserío revive y es posible ver algunos lugareños remozando sus casas, mientras sus hijos o sus nietos corretean con las bicicletas por las calles cubiertas de vegetación.
La arquitectura de Cañizal debe su singularidad al uso de diferentes materiales, especialmente el barro rojo, mezclado con paja y cantos rodados y revocado después con un barro blanco que se recoge cerca del pueblo. Como resultado de esta mezcla las casas exhiben unos muros rugosos y de un bonito color dorado, bien adaptados al clima de la región pero frágiles al abandono.
Entre todas las construcciones, sin duda la mejor conservada es la iglesia, un encantador templo de piedra precedido de un atrio forrado de cemento y cerrado por una desvencijada puerta de madera. Sobre su tejado, una chata espadaña soporta dos hermosas campanas, a las que se puede acceder por una escalerilla adosada, en precario estado. La preservación de las campanas, que ha sido objeto del saqueo en muchos otros núcleos deshabitados, llena de un orgullo mal disimulado a los oriundos de Cañizal y es la mejor prueba de que el pueblo mantiene un hilo de vida.


(Alonso y Alberto Gil)




miércoles, 9 de noviembre de 2016

Turruncún - La Rioja

El caserío de Turruncún es una piña de construcciones ruinosas y en permanente peligro de derrumbamiento que se agrupan a los pies de su iglesia parroquial y bajan violentamente por la ladera del cerro del Cabezo. A su alrededor, campa a sus anchas una vegetación de matorral, tojo y romero y se alzan las moles de Peña Isasa, con sus espectaculares cortados que anuncian la proximidad de la sierra de Peñalosa.

Telares de lienzo
El pueblo reúne los restos irreconocibles de setenta casas que en su día llegaron a albergar a más de doscientos sesenta vecinos, dedicados al cultivo de un terreno que precisaba la construcción de bancales para salvar las continuas pendientes. En tales condiciones se cosechaban cereales, productos de huerta, algo de vino y bastante aceite, que junto a la cría de ovejas y cabras, la explotación de una mina de lignito y alguna industria de telares de lienzo eran la base de la economía local La población tenía tahona, escuela y ayuntamiento con una dependencia destinada a cárcel y, además de la iglesia parroquial de Santa María, contaba con una ermita a las afueras. Para el consumo de agua se abastecía de una fuente cercana, dotada de un pilón que hacía las veces de lavadero.
Alrededor de la fuente, un bosquete de pinos y un merendero con mesas de piedra, sirve ahora de improvisado mirador sobre los restos del pueblo, coronados por la tone de la iglesia, una robusta construcción que aún se alza sobre las paredes desmenuzadas.

(Pilar Alonso y Alberto Gil)

lunes, 7 de noviembre de 2016

Cabaloria - Salamanca

Esta alquería tuvo varios nombres: Cadaoria, Cadalloria, y fue agregada a Sotoserrano en el año 1819.
El nombre de Cabaloría, hoy completamente despoblada, proviene de una contracción entre caven y valoria, y alude a la existencia de explotaciones de oro romanas, que han llegado a ser confundidas, en algún caso, con minas de hierro, de las que, por cierto, también se conocen algunas en la zona.
A mediados del siglo XVIII, la población de Cabaloria reducíase a 10 vecinos. Tenía doce casas habitadas, cuatro cerradas y seis casillas.
En el primer tercio del XIX, habitaban en Cabaloria 15 vecinos, con un total de 69 habitantes.
Dicha alquería se despobló a raíz de la inauguración, en el año 1965, del embalse de Gabriel y Galán, que represaba las aguas del río Alagón, aunque nunca fue inundada por dichas aguas.
Los habitantes de estas alquerías marcharon a otros lugares como Alagón del Caudillo, Madrid, Bilbao…

(Pueblos abandonados o despoblados)

Aceredo - Orense

El antiguo pueblito de Aceredo, en pleno Parque Natural del Xurxés (en Lobios), yace bajo las aguas del embalse portugués de Lindoso junto a cuatro aldeas más. Lo llamativo es que su anegación es bastante reciente, del año 1992, aunque es el resultado de un acuerdo firmado en los años 60. 
Y para sorpresa de todos, sobre todo de sus antiguos vecinos, hace solo dos años la extrema bajada del caudal de la presa dejó al descubierto una buena parte de sus construcciones y pertenencias: se pudo ver cómo algunas casas conservan hasta el tejado y las contraventanas. Si es que 20 años no son nada.

(Traveler)